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sábado, 22 de marzo de 2014

El Evangelio según San Mateo


Genealogía de Jesús
(cfr. Lc 3,23-38)

1 1 Libro de la genealogía de Jesús, Mesías, hijo de David, hijo de Abrahán:
2 Abrahán engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. 3 Judá engendró, de Tamar, a Fares y Zará; Fares engendró a Esrón; Esrón engendró a Arán. 4 Arán engendró a Aminadab; Aminadab engendró a Naasón; Naasón engendró a Salmón. 5 Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé. 6 Jesé engendró al rey David.
David engendró, de la mujer de Urías, a Salomón. 7 Salomón engendró a Roboán; Roboán engendró a Abías; Abías engendró a Asaf. 8 Asaf engendró a Josafat; Josafat engendró a Jorán; Jorán engendró a Ozías. 9 Ozías engendró a Joatán; Joatán engendró a Acaz; Acaz engendró a Ezequías. 10 Ezequías engendró a Manasés; Manasés engendró a Amón; Amón engendró a Josías. 11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en tiempos del destierro a Babilonia.
12 Después del destierro a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel; Salatiel engendró a Zorobabel. 13 Zorobabel engendró a Abiud; Abiud engendró a Eliacín; Eliacín engendró a Azor. 14 Azor engendró a Sadoc; Sadoc engendró a Aquín; Aquín engendró a Eliud. 15 Eliud engendró a Eleazar; Eleazar engendró a Matán; Matán engendró a Jacob. 16 Jacob engendró a José, esposo de María, de la que nació Jesús, llamado el Mesías.
17 De este modo, todas las generaciones de Abrahán a David son catorce; de David hasta el destierro a Babilonia, catorce; del destierro de Babilonia hasta el Mesías, catorce.

Anuncio a José
(cfr. Lc 2,1-7)

18 El nacimiento de Jesús, Mesías, sucedió así: su madre, María, estaba comprometida con José, y antes del matrimonio, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. 19 José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, pensó abandonarla en secreto. 20 Ya lo tenía decidido, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:
–José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa tuya, pues la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. 21 Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
22 Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del profeta:
23 Mira, la virgen está embarazada,
dará a luz a un hijo
que se llamará Emanuel
–que significa: Dios con nosotros–.
24 Cuando José se despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y recibió a María como esposa. 25 Y sin haber mantenido relaciones dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús.

Homenaje de los magos
(cfr. Lc 2,8-20)

2 1 Jesús nació en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes. Sucedió que unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén 2 preguntando:
–¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos aparecer su estrella y venimos a adorarle.
3 Al oírlo, el rey Herodes comenzó a temblar, y lo mismo que él toda Jerusalén. 4 Entonces, reuniendo a todos los sumos sacerdotes y letrados del pueblo, les preguntó en qué lugar debía nacer el Mesías. 5 Le contestaron:
–En Belén de Judea, como está escrito por el profeta:
6 Tú, Belén, en territorio de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las poblaciones de Judá,
pues de ti saldrá un jefe,
el pastor de mi pueblo, Israel.
7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les preguntó el tiempo exacto en que había aparecido la estrella; 8 después los envió a Belén con el encargo:
–Averigüen con precisión lo referente al niño y cuando lo encuentren avísenme, para que yo también vaya a adorarle.
9 Y habiendo escuchado el encargo del rey, se fueron. De pronto, la estrella que se les apareció en oriente avanzó delante de ellos hasta detenerse sobre el lugar donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella se llenaron de una inmensa alegría. 11 Entraron en la casa, vieron al niño con su madre, María, y postrándose le adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron como regalos: oro, incienso y mirra.
12 Después, advertidos por un sueño de que no volvieran a casa de Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Huida a Egipto y matanza de inocentes
13 Cuando se fueron, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
–Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.
14 Se levantó, todavía de noche, tomó al niño y a su madre y partió hacia Egipto, 15 donde residió hasta la muerte de Herodes.
Así se cumplió lo que anunció el Señor por el profeta:
De Egipto llamé a mi hijo.
16 Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció mucho y mandó matar a todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores; según el tiempo que había averiguado por los magos.
17 Así se cumplió lo que anunció el profeta Jeremías:
18 Una voz se escucha en Ramá:
muchos llantos y sollozos;
es Raquel que llora a sus hijos
y no quiere que la consuelen
porque ya no viven.
Regreso de Egipto
19 A la muerte de Herodes, el ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto 20 y le dijo:
–Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a Israel, pues han muerto los que atentaban contra la vida del niño.
21 Se levantó, tomó al niño y a su madre y se volvió a Israel. 22 Pero, al enterarse que Arquelao había sucedido a su padre Herodes como rey de Judea, tuvo miedo de ir allí. Y avisado en sueños, se retiró a la provincia de Galilea 23 y se estableció en una población llamada Nazaret, para que se cumpliera lo anunciado por los profetas: Será llamado Nazareno.

Juan el Bautista
(Mc 1,1-8; Lc 3,1-18; cfr. Jn 1,19-28)

3 1 En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista en el desierto de Judea, 2 proclamando:
–Arrepiéntanse, que está cerca el reino de los cielos.
3 Éste es a quien había anunciado el profeta Isaías, diciendo:
Una voz grita en el desierto:
Preparen el camino al Señor,
enderecen sus senderos.
4 Juan llevaba un manto hecho de pelo de camello, con un cinturón de cuero en la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. 5 Acudían a él de Jerusalén, de toda Judea y de la región del Jordán, 6 y se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados. 7 Al ver que muchos fariseos y saduceos acudían a que los bautizara les dijo:
–¡Raza de víboras! ¿Quién les ha enseñado a escapar de la condena que llega? 8 Muestren frutos de un sincero arrepentimiento 9 y no piensen que basta con decir: Nuestro padre es Abrahán; pues yo les digo que de estas piedras puede sacar Dios hijos para Abrahán. 10 El hacha ya está apoyada en la raíz del árbol: árbol que no produzca frutos buenos será cortado y arrojado al fuego.
11 Yo los bautizo con agua en señal de arrepentimiento; pero detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no soy digno de quitarle sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. 12 Ya empuña la horquilla para limpiar su cosecha: reunirá el trigo en el granero, y quemará la paja en un fuego que no se apaga.

Bautismo de Jesús
(Mc 1,9-11; Lc 3,21s; cfr. Jn 1,29-34)

13 Entonces fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. 14 Juan se resistía diciendo:
–Soy yo quien necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?
15 Jesús le respondió:
–Ahora haz lo que te digo pues de este modo conviene que realicemos la justicia plena.
Ante esto Juan aceptó.
16 Después de ser bautizado, Jesús salió del agua y en ese momento se abrió el cielo y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él; 17 se oyó una voz del cielo que decía:
–Éste es mi Hijo querido, mi predilecto.

Jesús puesto a prueba
(Mc 1,12s; Lc 4,1-13)

4 1 Entonces Jesús, movido por el Espíritu, se retiró al desierto para ser tentado por el Diablo. 2 Hizo un ayuno de cuarenta días con sus noches y al final sintió hambre. 3 Se acercó el Tentador y le dijo:
–Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
4 Él contestó:
–Está escrito:
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
5 Luego el Diablo se lo llevó a la Ciudad Santa, lo colocó en la parte más alta del templo 6 y le dijo:
–Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues está escrito:
Ha dado órdenes
a sus ángeles sobre ti;
te llevarán en sus manos
para que tu pie
no tropiece en la piedra.
7 Jesús respondió:
–También está escrito:
No pondrás a prueba al Señor, tu Dios.
8 De nuevo se lo llevó el Diablo a una montaña altísima y le mostró todos los reinos del mundo en su esplendor, 9 y le dijo:
–Todo esto te lo daré si te postras para adorarme.
10 Entonces Jesús le replicó:
–¡Aléjate, Satanás! Que está escrito:
Al Señor tu Dios adorarás,
a él sólo darás culto.
11 De inmediato lo dejó el Diablo y unos ángeles vinieron a servirle.

En Galilea
(Mc 1,14s; Lc 4,14s)

12 Al saber que Juan había sido arrestado, Jesús se retiró a Galilea, 13 salió de Nazaret y se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí.
14 Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías:
15 Territorio de Zabulón
y territorio de Neftalí,
camino del mar,
al otro lado del Jordán,
Galilea de los paganos.
16 El pueblo
que habitaba en tinieblas
vio una luz intensa,
a los que habitaban
en sombras de muerte
les amaneció la luz.
17 Desde entonces comenzó Jesús a proclamar:
–¡Arrepiéntanse que está cerca el reino de los cielos!

Llama a los primeros discípulos
(Mc 1,16-20; Lc 5,1-11; cfr. Jn 1,35-51)

18 Mientras paseaba junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos –Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano– que estaban echando una red al lago, pues eran pescadores. 19 Les dice:
–Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres.
20 De inmediato dejaron las redes y le siguieron.
21 Un trecho más adelante vio a otros dos hermanos –Santiago de Zebedeo y Juan, su hermano– en la barca con su padre Zebedeo, arreglando las redes. Los llamó, 22 y ellos inmediatamente, dejando la barca y a su padre, le siguieron.

Resumen narrativo de la actividad de Jesús
(Mc 3,7-12; Lc 6,17-19)

23 Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y sanando entre el pueblo toda clase de enfermedades y dolencias. 24 Su fama se difundió por toda Siria, de modo que le traían todos los que padecían diversas enfermedades o sufrían achaques: endemoniados, lunáticos, paralíticos y él los sanaba. 25 Le seguía una gran multitud de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Sermón del monte: las bienaventuranzas
(Lc 6,20-23)

5 1 Al ver a la multitud, subió al monte. Se sentó y se le acercaron los discípulos. 2 Tomó la palabra y comenzó a enseñarles del siguiente modo:
3 Felices los pobres de corazón,
   porque el reino de los cielos les pertenece.
4 Felices los afligidos,
   porque serán consolados.
5 Felices los desposeídos,
   porque heredarán la tierra.
6 Felices los que tienen hambre y sed de justicia,
   porque serán saciados.
7 Felices los misericordiosos,
   porque serán tratados con misericordia.
8 Felices los limpios de corazón,
   porque verán a Dios.
9 Felices los que trabajan por la paz,
   porque se llamarán hijos de Dios.
10 Felices los perseguidos por causa del bien,
   porque el reino de los cielos les pertenece.
11 Felices ustedes cuando los injurien y los persigan y los calumnien [falsamente] de todo por mi causa. 12 Alégrense y pónganse contentos porque el premio que les espera en el cielo es abundante. De ese mismo modo persiguieron a los profetas anteriores a ustedes.

Sal y luz
(Mc 9,50; Lc 14,34s)

13 Ustedes son la sal de la tierra: si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se le devolverá su sabor? Sólo sirve para tirarla y que la pise la gente.

(Mc 4,21; Lc 8,16; 11,33; cfr. Jn 8,12)

14 Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad construida sobre un monte. 15 No se enciende una lámpara para meterla en un cajón, sino que se pone en el candelero para que alumbre a todos en la casa. 16 Brille igualmente la luz de ustedes ante los hombres, de modo que cuando ellos vean sus buenas obras, glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo.
Jesús y la Ley
17 No piensen que he venido a abolir la ley o los profetas. No vine para abolir, sino para cumplir. 18 Les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, ni una «i» ni una coma de la ley dejará de realizarse. 19 Por tanto, quien quebrante el más mínimo de estos mandamientos y enseñe a otros a hacerlo será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero quien lo cumpla y lo enseñe será considerado grande en el reino de los cielos. 20 Porque les digo que si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.
21 Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el homicida responderá ante el tribunal. 22 Pues yo les digo que todo el que se enoje contra su hermano responderá ante el tribunal. Quien llame a su hermano imbécil responderá ante el Consejo. Quien lo llame renegado incurrirá en la pena del infierno de fuego. 23 Si mientras llevas tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja la ofrenda delante del altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda. 25 Con quien tienes pleito busca rápidamente un acuerdo, mientras vas de camino con él. Si no, te entregará al juez, el juez al comisario y te meterán en la cárcel. 26 Te aseguro que no saldrás hasta haber pagado el último centavo.
27 Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. 28 Pues yo les digo que quien mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. 29 Si tu ojo derecho te lleva a pecar, sácatelo y tíralo lejos de ti. Más te vale perder una parte de tu cuerpo que ser arrojado entero al infierno. 30 Y si tu mano derecha te lleva a pecar, córtatela y tírala lejos de ti. Más te vale perder una parte de tu cuerpo que terminar entero en el infierno.

(Mc 10,11s; Lc 16,18; cfr. 1Cor 7,10s)

31 Se dijo: Quien repudie a su mujer que le dé acta de divorcio. 32 Pero yo les digo que quien repudia a su mujer –salvo en caso de concubinato– la induce a adulterio, y quien se case con una divorciada comete adulterio.
33 Ustedes, también, han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y cumplirás tus juramentos al Señor. 34 Pero yo les digo que no juren en absoluto: ni por el cielo, que es trono de Dios; 35 ni por la tierra, que es tarima de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey; 36 ni jures tampoco por tu cabeza, pues no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. 37 Que la palabra de ustedes sea sí, sí; no, no. Lo que se añada luego procede del Maligno.

(Lc 6,29s)

38 Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. 39 Yo les digo que no opongan resistencia al que les hace el mal. Antes bien, si uno te da una bofetada en [tu] mejilla derecha, ofrécele también la otra. 40 Al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica déjale también el manto. 41 Si uno te obliga a caminar mil pasos, haz con él dos mil. 42 Da a quien te pide y no vuelvas la espalda a quien te pide prestado.

(Lc 6,27s.32-36)

43 Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. 44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, oren por sus perseguidores. 45 Así serán hijos de su Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. 46 Si ustedes aman sólo a quienes los aman, ¿qué premio merecen? También hacen lo mismo los recaudadores de impuestos. 47 Si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? También hacen lo mismo los paganos.
48 Por tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el cielo.

Sobre la práctica de las obras buenas

6 1 Cuídense de hacer obras buenas en público solamente para que los vean; de lo contrario no serán recompensados por su Padre del cielo.

Limosna
2 Cuando des limosna no hagas tocar la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que los alabe la gente. Les aseguro que ya han recibido su paga.
3 Cuando tú hagas limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; 4de ese modo tu limosna quedará escondida, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Oración
5 Cuando ustedes oren no hagan como los hipócritas, que gustan rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas para exhibirse a la gente. Les aseguro que ya han recibido su paga.
6 Cuando tú vayas a orar, entra en tu habitación, cierra la puerta y reza a tu Padre a escondidas. Y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
7 Cuando ustedes recen no sean charlatanes como los paganos, que piensan que por mucho hablar serán escuchados. 8 No los imiten, pues el Padre de ustedes sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan.

El Padrenuestro
(Lc 11,2-4)

9 Ustedes oren así:
¡Padre nuestro que estás en el cielo!
Santificado sea tu Nombre,
10 venga tu reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo;
11 danos hoy
nuestro pan de cada día,
12 perdona nuestras ofensas
como también
nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
13 no nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.

(Mc 11,26)

14 Pues si perdonan a los demás las ofensas, su Padre del cielo los perdonará a ustedes, 15 pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Ayuno
16 Cuando ustedes ayunen no pongan cara triste como los hipócritas, que desfiguran la cara para hacer ver a la gente que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su paga.
17 Cuando tú ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, 18 de modo que tu ayuno no lo vean los demás, sino tu Padre, que está escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Sobre el poseer
(Lc 12,33s)

19 No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre las destruyen, donde los ladrones perforan paredes y roban. 20 Acumulen tesoros en el cielo, donde no roe la polilla ni destruye la herrumbre, donde los ladrones no abren brechas ni roban.
21 Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Luz y tinieblas
(Lc 11,34-36)

22 La lámpara del cuerpo es el ojo: por tanto, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Y si tu fuente de luz está a oscuras, ¡cuánta oscuridad habrá!

Dios y el dinero
(Lc 16,13)

24 Nadie puede estar al servicio de dos señores, pues u odia a uno y ama al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y del dinero.

Confianza en Dios
(Lc 12,22-31)

25 Por eso les digo que no anden angustiados por la comida [y la bebida] para conservar la vida o por la ropa para cubrir el cuerpo. ¿No vale más la vida que el sustento?, ¿el cuerpo más que la ropa? 26 Miren las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre del cielo las alimenta. ¿No valen ustedes más que ellas? 27 ¿Quién de ustedes puede, por mucho que se inquiete, prolongar un poco su vida? 28 ¿Por qué se angustian por la vestimenta? Miren cómo crecen los lirios silvestres, sin trabajar ni hilar. 29 Les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. 30 Pues si a la hierba del campo, que hoy crece y mañana la echan al horno, Dios la viste así, ¿no los vestirá mejor a ustedes, hombres de poca fe?
31 En conclusión, no se angustien pensando: ¿qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿con qué nos vestiremos? 32 Todo eso buscan ansiosamente los paganos. Pues el Padre del cielo sabe que ustedes tienen necesidad de todo aquello. 33 Busquen primero el reino [de Dios] y su justicia, y lo demás lo recibirán por añadidura.
34 Por eso, no se preocupen del mañana, que el mañana se ocupará de sí. A cada día le basta su problema.

No juzgar: la pelusa en el ojo del hermano
(Mc 4,24; Lc 6,37-42; cfr. Jn 8,1-11)

7 1 No juzguen y no serán juzgados. 2 Del mismo modo que ustedes juzguen se los juzgará. La medida que usen para medir la usarán con ustedes. 3 ¿Por qué te fijas en la pelusa que está en el ojo de tu hermano y no miras la viga que hay en el tuyo? 4 ¿Cómo te atreves a decir a tu hermano: Déjame sacarte la pelusa del ojo, mientras llevas una viga en el tuyo? 5 ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver claramente para sacar la pelusa del ojo de tu hermano.
6 No tiren las cosas santas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.

Pidan y se les dará
(Lc 11,9-13; cfr. Jn 14,13s)

7 Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, 8 porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abrirá. 9 ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? 10 ¿O si le pide pescado, le da una culebra? 11 Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más dará el Padre del cielo cosas buenas a los que se las pidan!

(Lc 6,31)

12 Traten a los demás como quieren que los demás los traten. En esto consiste la ley y los profetas.

La puerta estrecha
(Lc 13,24; cfr. Sal 1)

13 Entren por la puerta estrecha; porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella. 14 ¡Qué estrecha es la puerta!, ¡qué angosto el camino que lleva a la vida!, y son pocos los que lo encuentran.

Por los frutos los reconocerán
(Lc 6,43s; cfr. 2Pe 2,1-3)

15 Cuídense de los falsos profetas que se acercan disfrazados de ovejas y por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los reconocerán. ¿Se cosechan uvas de los espinos o higos de los cardos? 17 Un árbol sano da frutos buenos, un árbol enfermo da frutos malos. 18 Un árbol sano no puede dar frutos malos ni un árbol enfermo puede dar frutos buenos. 19 El árbol que no dé frutos buenos será cortado y echado al fuego. 20 Así pues, por sus frutos los reconocerán.

(Lc 6,46; 13,25-27)

21 No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo. 22 Cuando llegue aquel día, muchos me dirán: ¡Señor, Señor! ¿No hemos profetizado en tu nombre? ¿No hemos expulsado demonios en tu nombre? ¿No hemos hecho milagros en tu nombre? 23 Y yo entonces les declararé: Nunca los conocí; apártense de mí, ustedes que hacen el mal.

Roca y arena
(Lc 6,47-49)

24 Así pues, quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a un hombre prudente que construyó su casa sobre roca. 25 Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca.
26 Quien escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a un hombre tonto que construyó su casa sobre arena. 27 Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos, golpearon la casa y ésta se derrumbó. Fue una ruina terrible.

(Mc 1,22; Lc 4,32)

28 Cuando Jesús terminó su discurso, la multitud estaba asombrada de su enseñanza; 29 porque les enseñaba con autoridad, no como sus letrados.

Sanaciones
(Mc 1,40-45; Lc 5,12-16)

8 1 Cuando bajaba del monte le seguía una gran multitud. 2 Un leproso se le acercó, se postró ante él y le dijo:
–Señor, si quieres, puedes sanarme.
3 Él extendió la mano y le tocó diciendo:
–Lo quiero, queda sano.
Y en ese instante se sanó de la lepra. 4 Jesús le dijo:
–No se lo digas a nadie; ve a presentarte al sacerdote y, para que les conste, lleva la ofrenda establecida por Moisés.

(Lc 7,1-10; cfr. Jn 4,46-54)

5 Al entrar en Cafarnaún, un centurión se le acercó y le suplicó:
6 –Señor, mi muchacho está postrado en casa, paralítico, y sufre terriblemente.
7 Le dice:
–Yo iré a sanarlo.
8 Pero el centurión le replicó:
–Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que digas una palabra y mi muchacho quedará sano. 9 También yo tengo un superior y soldados a mis órdenes. Si le digo a éste que vaya, va; al otro que venga, viene; a mi sirviente que haga esto, y lo hace.
10 Al oírlo, Jesús se admiró y dijo a los que le seguían:
–Les aseguro, que no he encontrado una fe semejante en ningún israelita. 11 Les digo que muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. 12 Mientras que los ciudadanos del reino serán expulsados a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el crujir de dientes. 13 Al centurión, Jesús le dijo:
–Ve y que suceda como has creído.
En aquel instante el muchacho quedó sano.

(Mc 1,29-34; Lc 4,38-41)

14 Entrando Jesús en casa de Pedro, vio a su suegra acostada con fiebre. 15 La tomó de la mano, y se le pasó la fiebre; entonces ella se levantó y se puso a servirles.
16 Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él con una palabra expulsaba los demonios, y todos los enfermos sanaban.
17 Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías:
Él tomó nuestras debilidades
y cargó con nuestras enfermedades.

Seguimiento
(Lc 9,57-60)

18 Al ver Jesús la multitud que lo rodeaba, dio orden de atravesar el lago. 19 Entonces se acercó un letrado y le dijo:
–Maestro, te seguiré adonde vayas.
20 Jesús le contestó:
–Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.
21 Otro discípulo le dijo:
–Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre.
22 Jesús le contestó:
–Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.

La tempestad calmada
(Mc 4,35-41; Lc 8,22-25)

23 Cuando subía a la barca le siguieron los discípulos. 24 De pronto se levantó tal tempestad en el lago que las olas cubrían la embarcación, mientras tanto, él dormía. 25 Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo:
–¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!
26 Él les dice:
–¡Qué cobardes y hombres de poca fe son!
Se levantó, increpó a los vientos y al lago, y sobrevino una gran calma. 27 Los hombres decían asombrados:
–¿Quién es éste, que hasta los vientos y el lago le obedecen?

Los endemoniados
(Mc 5,1-20; Lc 8,26-39)

28 Al llegar a la otra orilla y entrar en territorio de Gadara, fueron a su encuentro dos endemoniados salidos de los sepulcros; eran tan violentos que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. 29 De pronto se pusieron a gritar:
–¡Hijo de Dios!, ¿qué tienes con nosotros? ¿Has venido antes de tiempo a atormentarnos?
30 A cierta distancia había una gran piara de cerdos pastando. 31 Los demonios le suplicaron:
–Si nos expulsas, envíanos a la piara de cerdos.
32 Él les dijo:
–Vayan.
Ellos salieron y se metieron en los cerdos. La piara en masa se lanzó por un acantilado al lago y se ahogó en el agua. 33 Los pastores huyeron, llegaron a la población y contaron lo que había sucedido con los endemoniados. 34 Toda la población salió al encuentro de Jesús y al verlo le suplicaban que se fuera de su territorio.

Sana a un paralítico
(Mc 2,1-12; Lc 5,17-26; cfr. Jn 5,1-18)

9 1 Jesús subió a una barca, cruzó a la otra orilla y llegó a su ciudad. 2 Le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico:
–¡Ánimo, hijo! Tus pecados te son perdonados.
3 Entonces algunos letrados pensaron: Éste blasfema. 4 Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo:
–¿Por qué piensan mal? 5 ¿Qué es más fácil, decir: se te perdonan tus pecados; o decir: levántate y camina? 6 Pues, para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, dirigiéndose al paralítico, le dijo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
7 Él se levantó y se fue a su casa. 8 La multitud al verlo quedó atemorizada y daba gloria a Dios por haber dado tal autoridad a los hombres.

Llama a Mateo:
comparte la mesa con pecadores
(Mc 2,13-17; Lc 5,27-32)

9 Cuando se iba de allí vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado junto a la mesa de recaudación de los impuestos. Le dice:
–Sígueme.
Él se levantó y le siguió.
10 Estando Jesús en la casa, sentado a la mesa, muchos recaudadores de impuestos y pecadores llegaron y se sentaron con él y sus discípulos. 11 Al verlo, los fariseos dijeron a los discípulos:
–¿Por qué su maestro come con recaudadores de impuestos y pecadores?
12 Él lo oyó y contestó:
–No tienen necesidad del médico los sanos, sino los enfermos. 13 Vayan a aprender lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios. No vine a llamar a justos, sino a pecadores.

Sobre el ayuno
(Mc 2,18-22; Lc 5,33-39)

14 Entonces se le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron:
–¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos [mucho] mientras que tus discípulos no ayunan?
15 Jesús les respondió:
–¿Pueden los invitados a la boda estar tristes mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que les arrebaten el novio y entonces ayunarán. 16 Nadie usa un trozo de tela nueva para remendar un vestido viejo; porque lo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande. 17 Ni se echa vino nuevo en odres viejos, pues los odres reventarían, el vino se derramaría y los odres se echarían a perder. El vino nuevo se echa en odres nuevos y los dos se conservan.

Dos sanaciones de mujeres
(Mc 5,21-43; Lc 8,40-56)

18 Mientras les explicaba eso, se le acercó un jefe, se postró y le dijo:
–Mi hija acaba de morir. Pero ven a imponerle tu mano y ella recobrará la vida.
19 Jesús se levantó y le siguió con sus discípulos.
20 Entre tanto, una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias, se le acercó por detrás y le tocó el borde de su manto. 21 Pues se decía: Con sólo tocar su manto, quedaré sana. 22 Jesús se volvió y al verla dijo:
–¡Ten confianza, hija! Tu fe te ha sanado.
Al instante la mujer quedó sana.
23 Jesús entró en casa del jefe y al ver a los flautistas y el barullo de gente, 24 dijo:
–Retírense; la muchacha no está muerta, sino dormida.
Se reían de él. 25 Pero, cuando echaron a la gente, él entró, la tomó de la mano y la muchacha se levantó. 26 El hecho se divulgó por toda la región.

Sanaciones: dos ciegos y el mudo
(cfr. 20,29-34)

27 Cuando se iba de allí, dos ciegos le seguían dando voces:
–¡Hijo de David, ten piedad de nosotros!
28 Al entrar en casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo:
–¿Creen que puedo hacerlo?
Contestaron:
–Sí, Señor.
29 Él les tocó los ojos diciendo:
–Que suceda como ustedes han creído.
30 Entonces se les abrieron los ojos, y Jesús les recomendó:
–¡Cuidado, que nadie lo sepa!
31 Pero ellos se fueron y divulgaron su fama por toda la región.

(12,22-24; Lc 11,14s)

32 Mientras salían los ciegos, le trajeron un mudo endemoniado. 33 Expulsó al demonio, y el mudo comenzó a hablar. La multitud comentaba asombrada:
–Nunca se vio tal cosa en Israel.
34 Pero los fariseos decían:
–Expulsa demonios con el poder del jefe de los demonios.

La cosecha, abundante;
los trabajadores, pocos

35 Jesús recorría todas las ciudades y pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y sanando toda clase de enfermedades y dolencias.

(Mc 6,34; Lc 10,2)

36 Viendo a la multitud, se conmovió por ellos, porque estaban maltratados y abatidos, como ovejas sin pastor. 37 Entonces dijo a los discípulos:
–La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. 38 Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha.

Los doce apóstoles
(Mc 3,13-15; 6,7; Lc 9,1)

10 1 Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos, para expulsarlos y para sanar toda clase de enfermedades y dolencias.

(Mc 3,16-19; Lc 6,12-16; cfr. Hch 1,13)

2 Éstos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, de sobrenombre Pedro, y Andrés su hermano; Santiago de Zebedeo y su hermano Juan; 3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Santiago de Alfeo y Tadeo; 4 Simón el cananeo y Judas Iscariote, el que también le traicionó.
Misión de los doce apóstoles
5 A estos doce los envió Jesús con las siguientes instrucciones:
–No se dirijan a países de paganos, no entren en ciudades de samaritanos; 6 vayan más bien a las ovejas descarriadas de la Casa de Israel.

(Mc 6,8-13; Lc 9,2-6; 10,4-12)

7 Y de camino proclamen que el reino de los cielos está cerca. 8 Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos, expulsen a los demonios. Gratuitamente han recibido, gratuitamente deben dar.
9 No lleven en el cinturón oro ni plata ni cobre, 10 ni provisiones para el camino ni dos túnicas ni sandalias ni bastón. Que el trabajador tiene derecho a su sustento. 11 Cuando entren en una ciudad o pueblo, pregunten por alguna persona respetable y quédense en su casa hasta que se vayan. 12 Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz; 13 si la casa lo merece, entrará en ella la paz; si no la merece, esa paz retornará a ustedes. 14 Si alguien no los recibe ni escucha el mensaje de ustedes, al salir de aquella casa o ciudad, sacúdanse el polvo de los pies. 15 Les aseguro que el día del juicio Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos rigor que aquella ciudad.

Persecuciones
(Mc 13,9-13; Lc 21,12-19)

16 Miren, yo los envío como ovejas en medio de lobos: sean astutos como serpientes y sencillos como palomas. 17 ¡Cuidado con la gente!, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. 18 Los harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y los paganos. 19 Cuando los entreguen, no se preocupen por lo que van a decir; 20 pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre hablará por ustedes. 21 Un hermano entregará a la muerte a su hermano, un padre a su hijo; se rebelarán hijos contra padres y los matarán. 22 Serán odiados por todos a causa de mi nombre. Quien resista hasta el final se salvará. 23 Cuando los persigan en una ciudad, escapen a otra; les aseguro que no habrán recorrido todas las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre.

(Lc 6,40; cfr. Jn 13,16; 15,20)

24 No está el discípulo por encima del maestro ni el sirviente por encima de su señor. 25 Al discípulo le basta ser como su maestro y al sirviente como su señor. Si al dueño de casa lo han llamado Belcebú, ¡cuánto más a los miembros de su casa!

(Mc 4,22; Lc 12,2s; 8,17)

26 Por tanto no les tengan miedo. No hay nada encubierto que no se descubra, ni escondido que no se divulgue. 27 Lo que les digo de noche díganlo en pleno día; lo que escuchen al oído grítenlo desde los techos.

(Lc 12,4-9)

28 No teman a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma; teman más bien al que puede arrojar cuerpo y alma en el infierno.
29 ¿No se venden dos gorriones por unas monedas? Sin embargo ni uno de ellos cae a tierra sin permiso del Padre de ustedes. 30 En cuanto a ustedes, hasta los pelos de su cabeza están contados. 31 Por tanto, no les tengan miedo, que ustedes valen más que muchos gorriones.
32 Al que me reconozca ante los hombres yo lo reconoceré ante mi Padre del cielo. 33 Pero el que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.

La alternativa de Jesús
(Lc 12,51-53)

34 No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz, sino espada.
35 Vine a enemistar a un hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; 36 y así el hombre tendrá por enemigos a los de su propia casa.

(Mc 8,34s; Lc 9,23s; 14,26s; 17,33; cfr. Jn 12,25)

37 Quien ame a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; quien ame a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí. 38 Quien no tome su cruz para seguirme no es digno de mí. 39 Quien se aferre a la vida la perderá, quien la pierda por mí la conservará.

A mí me recibe
(Mc 9,37; Lc 9,48; 10,16; cfr. Jn 13,20)

40 El que los recibe a ustedes a mí me recibe; quien me recibe a mí recibe al que me envió. 41 Quien recibe a un profeta por su condición de profeta tendrá paga de profeta; quien recibe a un justo por su condición de justo tendrá paga de justo.

(Mc 9,41)

42 Quien dé a beber un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por su condición de discípulo, les aseguro que no quedará sin recompensa.

11 1 Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a los doce discípulos, se fue de allí a enseñar y predicar por aquellas ciudades.

Sobre Juan el Bautista
(Lc 7,18-35)

2 Juan oyó hablar en la cárcel de la actividad del Mesías y le envió este mensaje por medio de sus discípulos:
3 –¿Eres tú el que había de venir o tenemos que esperar a otro?
4 Jesús respondió:
–Vayan a contar a Juan lo que ustedes ven y oyen: 5 los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben la Buena Noticia; 6 y, ¡feliz el que no tropieza por mi causa!
7 Cuando se fueron, se puso Jesús a hablar de Juan a la multitud:
8 –¿Qué salieron a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre elegantemente vestido? Miren, los que visten elegantemente habitan en los palacios reales. 9 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? Les digo que sí, y más que profeta.
10 A éste se refiere lo que está escrito:
Mira, yo envío por delante
a mi mensajero
para que te prepare el camino.
11 Les aseguro, de los nacidos de mujer no ha surgido aún alguien mayor que Juan el Bautista. Y sin embargo, el último en el reino de los cielos es mayor que él.
12 Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia, y gente violenta intenta arrebatarlo. 13 Hasta Juan todos los profetas y la ley eran profecía. 14 Y, si ustedes están dispuestos a aceptarlo, él es Elías que debía venir. 15 El que tenga oídos que escuche.
16 ¿Con qué compararé a esta generación? Son como niños sentados en la plaza que gritan a otros:
17 Hemos tocado la flauta
y no bailaron,
hemos entonado cánticos fúnebres
y no hicieron duelo.
18 Vino Juan, que no comía ni bebía, y dicen: está endemoniado. 19 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: miren qué comilón y bebedor, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores. Pero la sabiduría se conoce por sus obras.

Recrimina a las ciudades de Galilea
(Lc 10,13-15)

20 Entonces se puso a recriminar a las ciudades donde había realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían arrepentido:
21 –¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubiesen hecho en Tiro y Sidón, hace tiempo habrían hecho penitencia vistiéndose humildemente y cubriéndose con ceniza. 22 Pues yo les digo que el día del juicio será más llevadero para Tiro y Sidón que para ustedes.
23 Y tú, Cafarnaún, ¿pretendes encumbrarte hasta el cielo? Pues caerás hasta el abismo. Porque si los milagros que se han realizado en ti se hubiesen hecho en Sodoma, esa ciudad todavía existiría. 24 Yo les digo que el día del juicio será más liviano para Sodoma que para ti.

El Padre y el Hijo
(Lc 10,21s)

25 En aquella ocasión Jesús tomó la palabra y dijo:
–¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! 26Sí, Padre, ésa ha sido tu elección. 27Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce al Hijo, sino el Padre; nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo.
28 Vengan a mí, los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. 29 Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy tolerante y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su vida. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

Haciendo el bien en sábado
(12,1-14)

12 1 En cierta ocasión, Jesús atravesaba unos campos de trigo en día sábado. Sus discípulos, hambrientos, se pusieron a arrancar espigas y comérselas. 2 Los fariseos le dijeron:
–Mira, tus discípulos están haciendo en sábado una cosa prohibida.
3 Él les respondió:
–¿No han leído lo que hizo David y sus compañeros cuando estaban hambrientos? 4 Entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes.
5 ¿No han leído en la ley que, en el templo y en sábado, los sacerdotes quebrantan el reposo sin incurrir en culpa? 6 Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien mayor que el templo.
7 Si comprendieran lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a los inocentes. 8 Porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado.

(Mc 3,1-6; Lc 6,6-11)

9 Se dirigió a otro lugar y entró en su sinagoga. 10 Había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Le preguntaron, con intención de acusarlo, si era lícito sanar en sábado.
11 Él respondió:
–Supongamos que uno de ustedes tiene una oveja y un sábado se le cae en un pozo: ¿no la agarraría y la sacaría? 12 Ahora bien, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, está permitido en sábado hacer el bien. 13 Entonces dijo al hombre:
–Extiende la mano.
Él la extendió y se le quedó tan sana como la otra. 14 Los fariseos salieron y deliberaron cómo acabar con él.

Jesús, el Siervo de Dios
(12,15-21)

15 Pero Jesús se dio cuenta y se fue de allí. Le seguían muchos; sanaba a todos 16 y les pedía encarecidamente que no lo divulgaran.
17 Así se cumplió lo que anunció el profeta Isaías:
18 Miren a mi siervo,
a mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él pondré mi Espíritu
para que anuncie
la justicia a las naciones.
19 No gritará, no discutirá,
no voceará por las calles.
20 No quebrará la caña débil,
no apagará la vela vacilante,
hasta que haga triunfar la justicia.
21 Y en su nombre
esperarán las naciones.

Jesús y Satanás
(9,32-34; Mc 3,22-30; Lc 11,14-23; 12,10)

22 Entonces le llevaron un endemoniado ciego y mudo. Él lo sanó, de modo que recobró la vista y el habla. 23 La multitud asombrada comentaba:
–¿No será éste el Hijo de David?
24 Pero los fariseos al oírlo dijeron:
–Éste expulsa demonios con el poder de Belcebú, jefe de los demonios.
25 Él, leyendo sus pensamientos, les dijo:
–Un reino dividido internamente va a la ruina; una ciudad o casa dividida internamente no se mantiene en pie. 26 Si Satanás expulsa a Satanás, ¿cómo se mantendrá su reino? 27 Si yo expulso demonios con el poder de Belcebú, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso ellos los juzgarán. 28 Pero si yo expulso los demonios con el Espíritu de Dios, es que ha llegado a ustedes el reino de Dios. 29 ¿Puede alguien acaso entrar en casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas si primero no lo ata? Sólo así podrá saquear la casa. 30 El que no está conmigo está contra mí. El que no recoge conmigo desparrama.
31 Por eso les digo que cualquier pecado o blasfemia se les puede perdonar a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no tiene perdón. 32 A quien diga algo contra el Hijo del Hombre se le puede perdonar; a quien lo diga contra el Espíritu Santo no se le perdonará ni en el presente ni en el futuro.

(7,16-20; Lc 6,43-45)

33 Planten un árbol bueno y tendrán un fruto bueno; planten un árbol enfermo y tendrán un fruto dañado. Pues por el fruto conocerán al árbol. 34 ¡Raza de víboras! ¿Cómo podrán decir palabras buenas si son malos? De la abundancia del corazón habla la boca. 35 El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro de bondad; el hombre malo saca cosas malas de su tesoro de maldad. 36 Les digo que el día del juicio los hombres deberán dar cuenta de cualquier palabra inconsiderada que hayan dicho. 37 Porque por tus palabras te absolverán y por tus palabras serás condenado.

La señal de Jonás
(16,1-4; Mc 8,11s; Lc 11,29-32)

38 Entonces algunos letrados y fariseos le dijeron:
–Maestro, queremos verte hacer alguna señal.
39 Él les contestó:
–Una generación malvada y adúltera reclama una señal, y no se le concederá más señal que la señal del profeta Jonás. 40 Como estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en las entrañas de la tierra, tres días y tres noches. 41 Durante el juicio se alzarán los habitantes de Nínive contra esta generación y la condenarán porque ellos se arrepintieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien mayor que Jonás. 42  La reina del sur se alzará en el juicio contra esta generación y la condenará, porque ella vino del extremo de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien mayor que Salomón.

(Lc 11,24-26)

43 Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, recorre lugares áridos buscando descanso, y no lo encuentra. 44 Entonces dice: Me vuelvo a la casa de donde salí. Al volver, la encuentra deshabitada, barrida y arreglada. 45 Entonces va, se asocia a otros siete espíritus peores que él, y se meten a habitar allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el comienzo. Así le sucederá a esta generación malvada.

La madre y los hermanos de Jesús
(Mc 3,31-35; Lc 8,19-21)

46 Todavía estaba hablando a la multitud, cuando se presentaron su madre y sus hermanos, que estaban afuera, deseosos de hablar con él. 47 [Uno le dijo:
–Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y desean hablar contigo.]
48 Él contestó al que se lo decía:
–¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos? 49 Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo:
–¡Ahí están mi madre y mis hermanos! 50 Cualquiera que haga la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

El sembrador
(Mc 4,1-12; Lc 8,4-10)

13 1 Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. 2 Se reunió junto a él una gran multitud, así que él subió a una barca y se sentó, mientras la multitud estaba de pie en la orilla. 3 Les explicó muchas cosas con parábolas:
–Salió un sembrador a sembrar. 4 Al sembrar, unas semillas cayeron junto al camino, vinieron las aves y se las comieron. 5 Otras cayeron en terreno pedregoso con poca tierra. Al faltarles profundidad brotaron enseguida; 6 pero, al salir el sol se marchitaron, y como no tenían raíces se secaron. 7 Otras cayeron entre espinos: crecieron los espinos y las ahogaron. 8 Otras cayeron en tierra fértil y dieron fruto: unas ciento, otras sesenta, otras treinta. 9 El que tenga oídos que escuche.
10 Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
–¿Por qué les hablas contando parábolas?
11 Él les respondió:
–Porque a ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos, pero a ellos no se les concede. 12 Al que tiene le darán y le sobrará; al que no tiene le quitarán aun lo que tiene. 13 Por eso les hablo contando parábolas: porque miran y no ven, escuchan y no oyen ni comprenden.
14 Se cumple en ellos aquella profecía de Isaías:
Por más que escuchen,
no comprenderán,
por más que miren, no verán.
15 Se ha endurecido
el corazón de este pueblo;
se han vuelto duros de oído,
se han tapado los ojos.
Que sus ojos no vean ni sus oídos oigan,
ni su corazón entienda,
ni se conviertan para que yo los sane.

(Lc 10,23s)

16 Dichosos en cambio los ojos de ustedes porque ven y sus oídos porque oyen. 17 Les aseguro que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon.

El sentido de la parábola
(Mc 4,13-20; Lc 8,11-15)

18 Escuchen entonces la explicación de la parábola del sembrador.
19 Si uno escucha la palabra del reino y no la entiende, viene el Maligno y le arrebata lo sembrado en su mente; ése es como lo sembrado junto al camino.
20 Lo sembrado en terreno pedregoso es el que escucha la palabra y la recibe enseguida con gozo; 21 pero no echa raíz y resulta un entusiasmo pasajero. Llega la tribulación o persecución por causa de la palabra e inmediatamente falla.
22 Lo sembrado entre espinos es el que escucha la palabra; pero las preocupaciones mundanas y la seducción de la riqueza la ahogan y no da fruto.
23 Lo sembrado en tierra fértil es el que escucha la palabra y la entiende. Ése da fruto: ciento o sesenta o treinta.

La cizaña

24 Les contó otra parábola:
–El reino de los cielos es como un hombre que sembró semilla buena en su campo. 25 Pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. 26 Cuando el tallo brotó y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. 27 Fueron entonces los sirvientes y le dijeron al dueño: Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿De dónde le viene la cizaña? 28 Les contestó: Un enemigo lo ha hecho. Le dijeron los sirvientes: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? 29 Les contestó: No; porque, al arrancarla, van a sacar con ella el trigo. 30 Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha. Cuando llegue el momento, diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña, y en atados échenla al fuego; luego recojan el trigo y guárdenlo en mi granero.

La semilla de mostaza
(Mc 4,30-32; Lc 13,18s)

31 Les contó otra parábola:
–El reino de los cielos se parece a una semilla de mostaza que un hombre toma y siembra en su campo. 32 Es más pequeña que las demás semillas; pero, cuando crece es más alta que otras hortalizas; se hace un árbol, vienen los pájaros y anidan en sus ramas.

La levadura
(Lc 13,20s)

33 Les contó otra parábola:
–El reino de los cielos se parece a la levadura: una mujer la toma, la mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.

(Mc 4,33s)

34 Todo esto se lo expuso Jesús a la multitud con parábolas; y sin parábolas no les expuso nada.
35 Así se cumplió lo que anunció el profeta:
Voy a abrir la boca
pronunciando parábolas,
profiriendo cosas ocultas
desde la creación [del mundo].

La explicación de la cizaña

36 Después, despidiendo a la multitud, entró en casa.
Fueron los discípulos y le dijeron:
–Explícanos la parábola de la cizaña.
37 Él les contestó:
–El que sembró la semilla buena es el Hijo del Hombre; 38 el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los súbditos del Maligno; 39 el enemigo que la siembra es el Diablo; la cosecha es el fin del mundo; los cosechadores son los ángeles. 40 Como se junta la cizaña y se echa al fuego, así sucederá al fin del mundo: 41 El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles que recogerán de su reino todos los escándalos y los malhechores; 42 y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes. 43 Entonces, en el reino de su Padre, los justos brillarán como el sol. El que tenga oídos que escuche.

El tesoro escondido

44 El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo: lo descubre un hombre, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todas sus posesiones para comprar aquel campo.

La perla fina

45 El reino de los cielos se parece a un comerciante de perlas finas: 46 al descubrir una de gran valor, va, vende todas sus posesiones y la compra.

La red

47 El reino de los cielos se parece a una red echada al mar, que atrapa peces de toda especie. 48 Cuando se llena, los pescadores la sacan a la orilla, y sentándose, reúnen los buenos en cestas y los que no valen los tiran. 49 Así sucederá al fin del mundo: separarán a los malos de los buenos 50 y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes.
Lo nuevo y lo viejo
51 ¿Lo han entendido todo?
Le responden que sí, 52 y él les dijo:
–Pues bien, un letrado que se ha hecho discípulo del reino de los cielos se parece al dueño de una casa que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.

El hijo del artesano
(Mc 6,1-6; Lc 4,16.22-30)

53 Cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allí, 54 se dirigió a su ciudad y se puso a enseñarles en su sinagoga. Ellos preguntaban asombrados:
–¿De dónde saca éste su saber y sus milagros? 55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? 56 Sus hermanas, ¿no viven entre nosotros? ¿De dónde saca todo eso?
57 Y esto era para ellos un obstáculo. Jesús les dijo:
–A un profeta sólo lo desprecian en su patria y en su casa.
58 Y por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros.

Muerte de Juan el Bautista
(Mc 6,14-16; Lc 9,7-9)

14 1 Por aquel tiempo oyó el tetrarca Herodes la fama de Jesús 2 y dijo a sus cortesanos:
–Ése es Juan el Bautista que ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos.

(Mc 6,17-20; Lc 3,19s)

3 Herodes había hecho arrestar a Juan, encadenarlo y meterlo en prisión por instigación de Herodías, esposa de su hermano Felipe. 4 Juan le decía que no le era lícito tenerla. 5 Herodes quería darle muerte, pero le asustaba la gente, que consideraba a Juan como profeta.

(Mc 6,21-29)

6 Llegó el cumpleaños de Herodes y la hija de Herodías bailó en medio de todos. A Herodes le gustó tanto 7 que juró darle lo que pidiera. 8 Ella, inducida por su madre, pidió:
–Dame aquí, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.
9 El rey se sintió muy mal; pero, por el juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran; 10 y así mandó decapitar a Juan en la prisión. 11 La cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la joven; ella se la entregó a su madre. 12 Vinieron sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; después fueron a contárselo a Jesús.

Da de comer a cinco mil
(Mc 6,30-45; Lc 9,10-17; cfr. Jn 6,1-15)

13 Al enterarse, Jesús se fue de allí en barca, él solo, a un paraje despoblado. Pero lo supo la multitud y le siguió a pie desde los poblados. 14 Jesús desembarcó y, al ver la gran multitud, sintió lástima y sanó a los enfermos. 15 Al atardecer los discípulos fueron a decirle:
–El lugar es despoblado y ya es tarde; despide a la multitud para que vayan a los pueblos a comprar algo de comer.
16 [Jesús] les respondió:
–No hace falta que vayan; denle ustedes de comer.
17 Respondieron:
–Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados.
18 Él les dijo:
–Tráiganlos.
19 Después mandó a la multitud sentarse en el césped, tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó la vista al cielo, dio gracias, partió el pan y se lo dio a sus discípulos; ellos se lo dieron a la multitud. 20 Comieron todos, quedaron satisfechos, recogieron las sobras y llenaron doce canastos. 21 Los que comieron eran cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
22 Enseguida mandó a los discípulos embarcarse y pasar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.

Camina sobre el agua
(Mc 6,46-52; cfr. Jn 6,16-21)

23 Después de despedirla, subió él solo a la montaña a orar. Al anochecer, todavía estaba allí, solo. 24 La barca se encontraba a buena distancia de la costa, sacudida por las olas, porque tenía viento contrario. 25 Ya muy entrada la noche Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. 26 Al verlo caminar sobre el lago, los discípulos comenzaron a temblar y dijeron:
–¡Es un fantasma!
Y gritaban de miedo. 27 Pero [Jesús] les dijo:
–¡Ánimo! Soy yo, no teman.
28 Pedro le contestó:
–Señor, si eres tú, mándame ir por el agua hasta ti.
29 –Ven, le dijo Jesús.
Pedro saltó de la barca y comenzó a caminar por el agua acercándose a Jesús; 30 pero, al sentir el [fuerte] viento, tuvo miedo, entonces empezó a hundirse y gritó:
–¡Señor, sálvame!
31 Al momento Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo:
–¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
32 Cuando subieron a la barca, el viento amainó. 33 Los de la barca se postraron ante él diciendo:
–Ciertamente eres Hijo de Dios.

Sanaciones en Genesaret
(Mc 6,53-56)

34 Terminaron la travesía y atracaron en Genesaret.
35 Los hombres del lugar lo supieron y difundieron la noticia por toda la región. Le llevaron todos los enfermos 36 y le rogaban que les permitiese nada más rozar el borde de su manto, y los que lo tocaban quedaban sanos.

La tradición
(Mc 7,1-13)

15 1 Entonces unos fariseos y letrados de Jerusalén se acercaron a Jesús y le preguntaron:
2 –¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los mayores? Pues no se lavan las manos antes de comer.
3 Él les respondió:
–¿Y por qué ustedes quebrantan el precepto de Dios en nombre de su tradición?
4 Pues Dios mandó: Sustenta a tu padre y a tu madre. El que abandona a su padre o su madre debe ser condenado a muerte. 5 Ustedes, en cambio, dicen: Si uno comunica a su padre o su madre que los bienes que tenía para ayudarlos han sido ofrecidos al templo, 6 queda libre de la obligación de sustentarlos. Y así en nombre de su tradición ustedes invalidan el precepto de Dios.
7 ¡Hipócritas! Qué bien profetizó de ustedes Isaías cuando dijo:
8 Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí;
9 el culto que me dan es inútil,
pues la doctrina que enseñan
son preceptos humanos.

La verdadera pureza
(Mc 7,14-23)

10 Y llamando a la gente, les dijo:
–Escuchen atentamente: 11 No contamina al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella; eso es lo que realmente contamina al hombre.
12 Entonces se le acercaron los discípulos y le dijeron:
–¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte hablar así?
13 Él respondió:
–Toda planta que no plantó mi Padre del cielo será arrancada. 14 Déjenlos: son ciegos y guían a otros ciegos. Y, si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un pozo.
15 Pedro contestó:
–Explícanos [esta] comparación.
16 Él les dijo:
–¿También ustedes siguen sin entender? 17 ¿No ven que lo que entra por la boca pasa al vientre y luego es expulsado del cuerpo?
18 En cambio, lo que sale por la boca brota del corazón; y eso sí que contamina al hombre. 19 Porque del corazón salen malas intenciones, asesinatos, adulterios, fornicación, robos, falso testimonio, blasfemia. 20 Esto es lo que hace impuro al hombre y no el comer sin lavarse las manos.

La mujer cananea
(Mc 7,24-30)

21 Desde allí se fue a la región de Tiro y Sidón. 22 Una mujer cananea de la zona salió gritando:
–¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija es atormentada por un demonio.
23 Él no respondió una palabra. Se acercaron los discípulos y le suplicaron.
–Señor, atiéndela, para que no siga gritando detrás de nosotros.
24 Él contestó:
–¡He sido enviado solamente a las ovejas perdidas de la Casa de Israel!
25 Pero ella se acercó y se postró ante él diciendo:
–¡Señor, ayúdame!
26 Él respondió:
–No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos.
27 Ella replicó:
–Es verdad, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños.
28 Entonces Jesús le contestó:
–Mujer, ¡qué fe tan grande tienes! Que se cumplan tus deseos.
Y en aquel momento, su hija quedó sana.

Múltiples sanaciones

29 Desde allí se dirigió al lago de Galilea, subió a un monte y se sentó. 30 Acudió una gran multitud que traía cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos enfermos. Los colocaban a sus pies y él los sanaba. 31 La gente quedaba admirada al ver que los mudos hablaban, los cojos caminaban, los lisiados quedaban sanados y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.

Da de comer a cuatro mil
(Mc 8,1-10)

32 Jesús llamó a los discípulos y les dijo:
–Me da lástima esta gente, porque llevan tres días junto a mí y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.
33 Le dijeron los discípulos:
–¿Dónde podríamos, en un lugar tan despoblado como éste, conseguir suficiente pan para toda esta gente?
34 Jesús les preguntó:
–¿Cuántos panes tienen?
Ellos le contestaron:
–Siete y algunos pescaditos.
35 Él ordenó a la gente que se sentara en el suelo. 36 Tomó los siete panes y los pescados, dio gracias, partió el pan y se lo dio a los discípulos; éstos se los dieron a la multitud. 37 Comieron todos hasta quedar satisfechos; y con los restos llenaron siete canastos. 38 Los que habían comido eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños.
39 Luego despidió a la multitud, subió a la barca y se dirigió al territorio de Magadán.

Una señal celeste
(12,38s; Mc 8,11s; Lc 12,54-56)

16 1 Se acercaron los fariseos y saduceos y, para tentarlo, le pidieron que les mostrara una señal del cielo. 2 Él les contestó:
[–Al atardecer ustedes dicen: va a hacer buen tiempo porque el cielo está rojo. 3 Por la mañana dicen: hoy seguro llueve porque el cielo está rojo oscuro. Saben distinguir el aspecto del cielo y no distinguen las señales de los tiempos.] 4 Esta generación perversa y adúltera reclama una señal; y no se le dará más señal que la de Jonás.
Los dejó y se fue.

(Mc 8,13-21)

5 Al atravesar a la otra orilla, los discípulos se olvidaron de llevar pan. 6Jesús les dijo:
–¡Pongan atención y cuídense de la levadura de los fariseos y saduceos!
7 Ellos comentaban:
–Se refiere a que no hemos traído pan.
8 Cayendo en la cuenta, Jesús les dijo:
–¿Qué comentan, hombres de poca fe? ¿Acaso no tienen pan? 9 ¿Todavía no entienden? ¿No se acuerdan de los cinco panes para los cinco mil y cuántos canastos sobraron? 10 ¿O de los siete panes para los cuatro mil y cuántas canastas sobraron? 11 ¿No se dan cuenta que no me refería a los panes? ¡Aléjense de la levadura de los fariseos y saduceos!
12 Entonces entendieron que no hablaba de cuidarse de la levadura del pan, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceos.

Confesión de Pedro
(Mc 8,27-30; Lc 9,18-21; cfr. Jn 6,67-71)

13 Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe, preguntó a los discípulos:
–¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
14 Ellos contestaron:
–Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; otros, Jeremías o algún otro profeta.
15 Él les dice:
–Y ustedes, ¿quién dicen que soy?
16 Simón Pedro respondió:
–Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
17 Jesús le dijo:
–¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo! 18 Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá. 19 A ti te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.
20 Entonces les ordenó que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

Primer anuncio
de la pasión y resurrección
(Mc 8,31–9,1; Lc 9,22-27)

21 A partir de entonces Jesús comenzó a explicar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, padecer mucho por causa de los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, sufrir la muerte y al tercer día resucitar.
22 Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderlo:
–¡Dios no lo permita, Señor! No te sucederá tal cosa.
23 Él se volvió y dijo a Pedro:
–¡Retírate, Satanás! Quieres hacerme caer. Piensas como los hombres, no como Dios.
24 Entonces Jesús dijo a los discípulos:
–El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. 25 El que quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda la vida por mi causa la conservará. 26 ¿De qué le vale al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?, ¿qué precio pagará por su vida?
27 El Hijo del Hombre ha de venir con la gloria de su Padre y acompañado de sus ángeles. Entonces pagará a cada uno según su conducta. 28 Les aseguro: hay algunos de los que están aquí que no morirán antes de ver al Hijo del Hombre venir en su reino.

Transfiguración de Jesús
(Mc 9,2-13; Lc 9,28-36)

17 1 Seis días más tarde llamó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada. 2 Delante de ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. 3 De pronto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. 4 Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús:
–Señor, ¡qué bien se está aquí! Si te parece, armaré tres carpas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
5 Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa les hizo sombra y de la nube salió una voz que decía:
–Éste es mi Hijo querido, mi predilecto. Escúchenlo.
6 Al oírlo, los discípulos cayeron boca abajo temblando de mucho miedo. 7 Jesús se acercó, los tocó y les dijo:
–¡Levántense, no tengan miedo!
8 Cuando levantaron la vista, sólo vieron a Jesús. 9 Mientras bajaban de la montaña, Jesús les ordenó:
–No cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
10 Los discípulos le preguntaron:
–¿Por qué dicen los letrados que primero tiene que venir Elías?
11 Jesús respondió:
–Elías tiene que venir a restablecer nuevamente el orden de todas las cosas. 12 Pero les aseguro que Elías ya vino, no lo reconocieron y lo maltrataron. Del mismo modo el Hijo del Hombre va a sufrir a manos de ellos.
13 Entonces comprendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

El niño epiléptico
(Mc 9,14-29; Lc 9,37-43)

14 Cuando volvieron adonde estaba la gente, un hombre se le acercó, se arrodilló ante él 15 y le dijo:
–Señor, ten compasión de mi hijo que es epiléptico y sufre horriblemente. Muchas veces se cae en el fuego o en el agua. 16 Se lo he traído a tus discípulos y no han podido sanarlo.
17 Respondió Jesús:
–¡Qué generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos? Tráiganmelo aquí.
18 Jesús reprendió al demonio, y éste abandonó al muchacho que desde aquel momento quedó sano.
19 Entonces los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte:
–¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?
20 Él les contestó:
–Porque ustedes tienen poca fe. Les aseguro que, si tuvieran la fe del tamaño de una semilla de mostaza, dirían a aquel monte que se trasladara allá, y se trasladaría. Y nada sería imposible para ustedes. 21 [[Pero esta clase sólo se expulsa con oración y ayuno.]]

Segundo anuncio
de la pasión y resurrección
(Mc 9,30-32; Lc 9,44s)

22 Mientras paseaban juntos por Galilea, Jesús les dijo:
–El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres 23 que le darán muerte. Pero al tercer día resucitará.
Ellos se entristecieron profundamente.

El impuesto del Templo

24 Cuando llegaron a Cafarnaún, los recaudadores de impuestos se acercaron a Pedro y le dijeron:
–¿El maestro de ustedes no paga los impuestos?
25 Pedro contestó:
–Sí.
Cuando entró en casa, Jesús se le adelantó y le preguntó:
–¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran impuestos?, ¿de los hijos o de los extraños?
26 Contestó que de los extraños y Jesús le dijo:
–Eso quiere decir que los hijos quedan libres de pagar. 27 Pero para no dar motivo de escándalo, ve al lago, echa un anzuelo y al primer pez que pique sácalo, ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y paga por mí y por ti.

Instrucción comunitaria
(Mc 9,33-37; Lc 9,46-48)

18 1 En aquel tiempo los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
–¿Quién es el más grande en el reino de los cielos?
2 Él llamó a un niño, lo colocó en medio de ellos 3 y dijo:
–Les aseguro que si no se convierten y se hacen como los niños, no entrarán en el reino de los cielos. 4 El que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. 5 Y el que reciba en mi nombre a uno de estos niños a mí me recibe.

(Mc 9,42-48; Lc 17,1s)

6 Pero el que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al fondo del mar. 7 ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos. Pero, ¡ay del hombre por quien viene el escándalo!
8 Si tu mano o tu pie es para ti ocasión de pecado, córtatelo y tíralo lejos de ti. Más te vale entrar en la vida manco o cojo que con dos manos o dos pies ser arrojado al fuego eterno. 9 Si tu ojo es para ti ocasión de pecado, sácatelo y tíralo lejos de ti. Más te vale entrar en la vida tuerto que con dos ojos ser arrojado al infierno de fuego.

La oveja perdida
(Lc 15,3-7)

10 Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños. Pues les digo que sus ángeles en el cielo contemplan continuamente el rostro de mi Padre del cielo. 11 [[Porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido.]]
12 ¿Qué les parece? Supongamos que un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una: ¿no dejará las noventa y nueve en el monte para ir a buscar la extraviada? 13 Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve no extraviadas.
14 Del mismo modo, el Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.

Perdón de las ofensas
(Lc 17,3s)

15 Si tu hermano te ofende, ve y corrígelo, tú y él a solas. Si te escucha has ganado a tu hermano. 16 Si no te hace caso, hazte acompañar de uno o dos, para que el asunto se resuelva por dos o tres testigos. 17 Si no les hace caso, informa a la comunidad. Y si no hace caso a la comunidad considéralo un pagano o un recaudador de impuestos. 18 Les aseguro que lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.
19 Les digo también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, mi Padre del cielo se la concederá. 20 Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos.
21 Entonces se acercó Pedro y le preguntó:
–Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarle? ¿Hasta siete veces?
22 Le contesta Jesús:
–No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Los dos deudores

23 Por eso, el reino de los cielos se parece a un rey que decidió ajustar cuentas con sus sirvientes. 24 Ni bien comenzó, le presentaron uno que le adeudaba diez mil monedas de oro. 25 Como no tenía con qué pagar, mandó el rey que vendieran a su mujer, sus hijos y todas sus posesiones para pagar la deuda. 26 El sirviente se arrodilló ante él suplicándole: ¡Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré! 27 Compadecido de aquel sirviente, el rey lo dejó ir y le perdonó la deuda.
28 Al salir, aquel sirviente tropezó con un compañero que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y mientras lo ahogaba le decía: ¡Págame lo que me debes! 29 Cayendo a sus pies, el compañero le suplicaba: ¡Ten paciencia conmigo y te lo pagaré! 30 Pero el otro se negó y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda.
31 Al ver lo sucedido, los otros sirvientes se sintieron muy mal y fueron a contarle al rey todo lo sucedido. 32 Entonces el rey lo llamó y le dijo: ¡Sirviente malvado, toda aquella deuda te la perdoné porque me lo suplicaste! 33 ¿No tenías tú que tener compasión de tu compañero como yo la tuve de ti? 34 E indignado, el rey lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
35 Así los tratará mi Padre del cielo si no perdonan de corazón a sus hermanos.

Sobre el divorcio
(Mc 10,1-12)

19 1 Cuando Jesús terminó este discurso, se trasladó de Galilea a Judea, al otro lado del Jordán. 2 Le seguía una gran multitud, y él los sanaba allí. 3 Se acercaron unos fariseos y, para ponerlo a prueba, le preguntaron:
–¿Puede un hombre separarse de su mujer por cualquier cosa?
4 Él contestó:
–¿No han leído que al principio el Creador los hizo hombre y mujer? 5 Y dijo: por eso abandona un hombre a su padre y a su madre, se une a su mujer y los dos se hacen una sola carne. 6 De suerte que ya no son dos, sino una sola carne. Así pues, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
7 Le replicaron:
–Entonces, ¿por qué Moisés mandó darle un acta de divorcio cuando uno se separa [de ella]?
8 Les respondió:
–Moisés les permitió separarse de sus mujeres a causa de la dureza de sus corazones. Pero al principio no era así. 9 Les digo que quien se divorcia de su mujer –si no es en caso de concubinato– y se casa con otra, comete adulterio.
10 Le dicen los discípulos:
–Si ésa es la condición del marido con la mujer, más vale no casarse.
11 Y él les respondió:
–No todos pueden con [este] camino; solamente aquellos que reciben tal don. 12 Porque hay eunucos que así nacieron desde el seno de su madre, hay eunucos hechos eunucos por los hombres y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por el reino de los cielos. El que pueda entender que lo entienda.

Bendice a unos niños
(Mc 10,13-16; Lc 18,15-17)

13 Entonces le llevaron unos niños para que pusiera las manos sobre ellos y pronunciara una oración. Los discípulos los reprendían. 14 Pero Jesús dijo:
–Dejen a los niños y no les impidan que se acerquen a mí, porque el reino de los cielos pertenece a los que son como ellos.
15 Entonces puso las manos sobre ellos y se fue.

El joven rico
(Mc 10,17-31; Lc 18,18-30)

16 Luego se le acercó uno y le dijo:
–Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna?
17 Jesús le contestó:
–¿Por qué me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el bueno. Si quieres entrar en la vida guarda los mandamientos.
18 El joven le pregunta:
–¿Cuáles?
Jesús le dijo:
–No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no perjurarás, 19 honra al padre y a la madre, y amarás al prójimo como a ti mismo.
20 El joven le dijo:
–Todo eso lo he cumplido, ¿qué me queda por hacer?
21 Jesús le contestó:
–Si quieres ser perfecto, ve, vende tus bienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme.
22 Al oírlo, el joven se fue triste, porque era muy rico.
23 Jesús dijo a sus discípulos:
–Les aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 24 Se los repito, es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de los cielos.
25 Al oírlo, los discípulos quedaron muy espantados y dijeron:
–Entonces, ¿quién podrá salvarse?
26 Jesús los quedó mirando y les dijo:
–Para los hombres eso es imposible, para Dios todo es posible.
27 Entonces Pedro le respondió:
–Mira, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué será de nosotros?
28 Jesús les dijo:
–Les aseguro que en el mundo nuevo, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. 29 Y todo aquel que por mí deje casas, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer o hijos, o campos, recibirá cien veces más y heredará vida eterna.
30 Muchos de los primeros serán los últimos y muchos de los últimos serán los primeros.

Los jornaleros de la viña

20 1 El reino de los cielos se parece a un hacendado que salió de mañana a contratar trabajadores para su viña. 2 Cerró trato con ellos en un denario al día y los envió a su viña. 3 Volvió a salir a media mañana, vio en la plaza a otros que no tenían trabajo 4 y les dijo: Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido. 5 Ellos se fueron. Volvió a salir a mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. 6 Al caer de la tarde salió, encontró otros que no tenían trabajo y les dijo: ¿Qué hacen aquí ociosos todo el día sin trabajar? 7 Le contestan: Nadie nos ha contratado. Y él les dice: Vayan también ustedes a mi viña.
8 Al anochecer, el dueño de la viña dijo al capataz: Reúne a los trabajadores y págales su jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. 9 Pasaron los del atardecer y recibieron su jornal. 10 Cuando llegaron los primeros, esperaban recibir más; pero también ellos recibieron la misma paga. 11 Al recibirlo, se quejaron contra el hacendado: 12 Estos últimos han trabajado una hora y les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado la fatiga y el calor del día. 13 Él contestó a uno de ellos: Amigo, no estoy siendo injusto; ¿no habíamos cerrado trato en un denario? 14 Entonces toma lo tuyo y vete. Que yo quiero dar al último lo mismo que a ti. 15 ¿O no puedo yo disponer de mis bienes como me parezca? ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso?
16 Así los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.

Tercer anuncio
de la pasión y resurrección
(Mc 10,32-34; Lc 18,31-34)

17 Cuando Jesús subía hacia Jerusalén, tomó aparte a los Doce [discípulos] y por el camino les dijo:
18 –Miren, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los sumos sacerdotes y letrados que lo condenarán a muerte. 19 Lo entregarán a los paganos para que lo maltraten, lo azoten y lo crucifiquen. Al tercer día resucitará.

Contra la ambición
(Mc 10,35-45)

20 Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacer una petición. 21 Él le preguntó:
–¿Qué deseas?
Ella contestó:
–Manda que, cuando reines, estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda.
22 Jesús le contestó:
–No saben lo que piden. ¿Son capaces de beber la copa que yo he de beber?
Ellos contestan:
–Podemos.
23 Jesús les dice:
–Mi copa la beberán, pero sentarse a mi derecha e izquierda no me toca a mí concederlo; esos lugares son para quienes se los ha destinado mi Padre.
24 Cuando los otros diez lo oyeron, se enojaron con los dos hermanos.
25 Pero Jesús los llamó y les dijo:
–Saben que entre los paganos los gobernantes tienen sometidos a sus súbditos y los poderosos imponen su autoridad. 26 No será así entre ustedes; más bien, quien entre ustedes quiera llegar a ser grande que se haga servidor de los demás; 27 y quien quiera ser el primero, que se haga sirviente de los demás. 28 Lo mismo que el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.

Sana a dos ciegos
(Mc 10,46-52; Lc 18,35-43)

29 Cuando se fueron de Jericó, un gran gentío le seguía. 30 Dos ciegos, que estaban sentados al costado del camino, al oír que Jesús pasaba, se pusieron a gritar:
–¡[Señor,] Hijo de David, ten compasión de nosotros!
31 La gente los reprendía para que se callasen. Pero ellos gritaban más fuerte:
–¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!
32 Jesús se detuvo y les habló:
–¿Qué quieren que haga por ustedes?
33 Respondieron:
–Señor, que se nos abran los ojos.
34 Compadecido, Jesús les tocó los ojos y al punto recobraron la vista y le siguieron.

Entrada triunfal en Jerusalén
(Mc 11,1-11; Lc 19,29-40; cfr. Jn 12,12-19)

21 1 Al llegar cerca de Jerusalén, entraron en Betfagé, junto al monte de los Olivos. Entonces Jesús envió a dos discípulos 2 diciéndoles:
–Vayan al pueblo de enfrente y enseguida encontrarán una burra atada y su cría junto a ella. Desátenla y tráiganla. 3 Si alguien les dice algo, ustedes le dirán que el Señor la necesita. Y enseguida los devolverá.
4 Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el profeta:
5 Digan a la ciudad de Sión:
mira a tu rey
que está llegando: humilde,
cabalgando un burrito, hijo de asna.
6 Fueron los discípulos y, siguiendo las instrucciones de Jesús, 7 le llevaron la burra y su cría. Echaron los mantos sobre ellos y el Señor se montó. 8 Una gran muchedumbre alfombraba con sus mantos el camino. Otros cortaban ramas de árbol y cubrían con ellas el camino. 9 La multitud, delante y detrás de él, aclamaba:
–¡Hosana al Hijo de David!
Bendito el que viene
en nombre del Señor.
¡Hosana en las alturas!
10 Cuando entró en Jerusalén, toda la población conmovida preguntaba:
–¿Quién es éste?
11 Y la multitud contestaba:
–Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.

Purifica el Templo
(Mc 11,15-19; Lc 19,45-48; cfr. Jn 2,13-16)

12 Jesús entró en el templo y echó fuera a los que vendían y compraban en el templo, volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas. 13 Les dijo:
–Está escrito que mi casa será casa de oración, mientras que ustedes la han convertido en cueva de asaltantes.
14 En el templo se le acercaron ciegos y cojos y él los sanó. 15 Cuando los sumos sacerdotes y letrados vieron los milagros que hacía y a la gente gritando en el templo: ¡Hosana al Hijo de David!, se indignaron 16 y le dijeron:
–¿Oyes lo que están diciendo?
Jesús les contestó:
–Sí, ¿acaso nunca han oído aquel pasaje:
sacaré una alabanza de la boca
de criaturas y niños de pecho?
17 Dejándolos, salió de la ciudad y se dirigió a Betania, donde pasó la noche.

La higuera seca
(Mc 11,12-14.20-25)

18 De mañana, cuando caminaba a la ciudad, sintió hambre, 19 al ver una higuera junto al camino, se acercó, pero no encontró más que hojas. Entonces le dijo:
–Jamás vuelvas a dar fruto.
En ese momento se secó la higuera. 20 Al verlo, los discípulos decían asombrados:
–¿Cómo es que la higuera se ha secado repentinamente?
21 Jesús les respondió:
–Les aseguro que, si tuvieran una fe firme, no sólo harían lo de la higuera, sino que podrían decir a ese monte que se quite de ahí y se tire al mar, y lo haría. 22 Y todo lo que pidan con fe lo recibirán.

La autoridad de Jesús
(Mc 11,27-33; Lc 20,1-8)

23 Entró en el templo y se puso a enseñar. Se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo y le preguntaron:
–¿Con qué autoridad haces eso? ¿Quién te ha dado tal autoridad?
24 Jesús les contestó:
–Yo a mi vez les haré una pregunta, si me la responden, les diré con qué autoridad hago esto: 25 El bautismo de Juan, ¿de dónde procedía?, ¿del cielo o de los hombres?
Ellos discutían la cuestión: Si decimos que del cielo, nos dirá que por qué no le creímos; 26 si decimos que de los hombres, nos asusta la gente, porque todos tienen a Juan por profeta. 27 Así que respondieron a Jesús:
–No sabemos.
Él les replicó:
–Entonces yo tampoco les digo con qué autoridad lo hago.

Los dos hijos

28 –A ver, ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Se dirigió al primero y le dijo: Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña. 29 El hijo le respondió: No quiero; pero luego se arrepintió y fue. 30 Acercándose al segundo le dijo lo mismo. Éste respondió: Ya voy, señor; pero no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?
Le dicen:
–El primero.
Y Jesús les dice:
–Les aseguro que los recaudadores de impuestos y las prostitutas entrarán antes que ustedes en el reino de Dios. 32 Porque vino Juan, enseñando el camino de la justicia, y no le creyeron, mientras que los recaudadores de impuestos y las prostitutas le creyeron. Y ustedes, aun después de verlo, no se han arrepentido ni le han creído.

Los viñadores malvados
(Mc 12,1-12; Lc 20,9-19)

33 Escuchen otra parábola: Un hacendado plantó una viña, la rodeó con una tapia, cavó un lagar y construyó una torre; después la arrendó a unos viñadores y se fue. 34 Cuando llegó el tiempo de la cosecha, mandó a sus sirvientes para recoger de los viñadores el fruto que le correspondía. 35 Pero los viñadores agarraron a los sirvientes y a uno lo golpearon, a otro lo mataron, y al tercero lo apedrearon. 36 Envió otros sirvientes, más numerosos que los primeros, y los trataron de igual modo. 37 Finalmente les envió a su hijo, pensando que respetarían a su hijo. 38 Pero los viñadores, al ver al hijo, comentaron: Es el heredero. Lo matamos y nos quedamos con la herencia. 39 Agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. 40 Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿cómo tratará a aquellos viñadores?
41 Le responden:
–Acabará con aquellos malvados y arrendará la viña a otros viñadores que le entreguen su fruto a su debido tiempo.
42 Jesús les dice:
–¿No han leído nunca en la Escritura:
La piedra
que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular;
es el Señor quien lo ha hecho
y nos parece un milagro?
43 Por eso les digo que a ustedes les quitarán el reino de Dios y se lo darán a un pueblo que produzca sus frutos. 44 [El que tropiece con esa piedra se hará trizas; al que le caiga encima lo aplastará.]
45 Cuando los sumos sacerdotes y los fariseos oyeron sus parábolas, comprendieron que se refería a ellos. 46 Intentaron arrestarlo, pero tuvieron miedo de la multitud, que lo tenía por profeta.

El banquete de bodas
(Lc 14,15-24)

22 1 Jesús tomó de nuevo la palabra y les habló usando parábolas.
2 El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. 3 Envió a sus sirvientes para llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron ir. 4 Entonces envió a otros sirvientes encargándoles que dijeran a los invitados: Tengo el banquete preparado, mis mejores animales ya han sido degollados y todo está a punto; vengan a la boda. 5 Pero ellos se desentendieron: uno se fue a su campo, el otro a su negocio; 6 otros agarraron a los sirvientes, los maltrataron y los mataron. 7 El rey se indignó y, enviando sus tropas, acabó con aquellos asesinos e incendió su ciudad.
8 Después dijo a sus sirvientes: El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no se lo merecían. 9 Vayan a los cruces de caminos y a cuantos encuentren invítenlos a la boda. 10 Salieron los sirvientes a los caminos y reunieron a cuantos encontraron, malos y buenos. El salón se llenó de convidados.
11 Cuando el rey entró para ver a los invitados, observó a uno que no llevaba traje apropiado. 12 Le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado sin traje apropiado? Él enmudeció. 13 Entonces el rey mandó a los guardias: Átenlo de pies y manos y échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el crujir de dientes. 14 Porque son muchos los invitados pero pocos los elegidos.

El tributo al César
(Mc 12,13-17; Lc 20,20-26)

15 Entonces los fariseos se reunieron para buscar un modo de enredarlo con sus palabras. 16 Le enviaron algunos discípulos suyos acompañados de herodianos, que le dijeron:
–Maestro, nos consta que eres sincero, que enseñas con fidelidad el camino de Dios y que no te fijas en la condición de las personas porque eres imparcial. 17 Dinos tu opinión: ¿es lícito pagar tributo al César o no?
18 Jesús, adivinando su mala intención, les dijo:
–¿Por qué me tientan, hipócritas? 19 Muéstrenme la moneda del tributo.
Le presentaron un denario. 20 Y él les dice:
–¿De quién es esta imagen y esta inscripción?
21 Contestan:
–Del César.
Entonces les dijo:
–Den, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
22 Al oírlo, se sorprendieron, lo dejaron y se fueron.

Sobre la resurrección
(Mc 12,18-27; Lc 20,27-40)

23 En aquella ocasión se acercaron unos saduceos –que niegan la resurrección– y le dijeron:
24 –Moisés mandó que, cuando uno muera sin hijos, su hermano se case con la viuda para dar descendencia al hermano difunto. 25 Pues bien, había en nuestra comunidad siete hermanos. El primero se casó, murió sin tener hijos y dejó la mujer a su hermano. 26 Lo mismo pasó con el segundo y el tercero, hasta el séptimo. 27 Después de todos murió la mujer. 28 Cuando resuciten, ¿de cuál de los siete será mujer? Pues todos fueron maridos suyos.
29 Les contestó Jesús:
–Están equivocados por no conocer la Escritura ni el poder de Dios. 30 Cuando resuciten, no se casarán ni los hombres ni las mujeres, sino que serán como ángeles de Dios en el cielo. 31 Y a propósito de la resurrección, ¿no han leído lo que les dice Dios:
32 Yo soy el Dios de Abrahán,
el Dios de Isaac,
el Dios de Jacob.
No es Dios de muertos, sino de vivos?
33 La multitud al oírlo estaba asombrada de su enseñanza.

El precepto más importante
(Mc 12,28-34; Lc 10,25-28)

34 Al saber los fariseos que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron alrededor de él; 35 y uno de ellos, [doctor en la ley] le preguntó maliciosamente:
36 –Maestro, ¿cuál es el precepto más importante en la ley?
37 Jesús le respondió:
–Amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón,
con toda tu alma,
y con toda tu mente.
38 Éste es el precepto más importante; 39 pero el segundo es equivalente:
Amarás al prójimo como a ti mismo.
40 De estos dos mandamientos dependen la ley entera y los profetas.

El Mesías y David
(Mc 12,35-37; Lc 20,41-44)

41 Estando reunidos los fariseos, Jesús les hizo esta pregunta:
42 –¿Qué piensan acerca del Mesías? ¿De quién es hijo?
Ellos Le responden:
–De David.
43 Él les dice:
–Entonces, ¿cómo David, inspirado, lo llama Señor, diciendo:
44 Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi derecha
hasta que ponga a tus enemigos
debajo de tus pies?
45 Si David lo llama Señor, ¿cómo puede ser su hijo?
46 Ninguno pudo darle una respuesta, y en adelante nadie se atrevió a hacerle preguntas.

Invectiva contra los fariseos
(Mc 12,38-40; Lc 11,42s.46)

23 1 Entonces Jesús, dirigiéndose a la multitud y a los discípulos, 2 dijo:
–En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos. 3 Ustedes hagan y cumplan lo que ellos digan, pero no los imiten; porque dicen y no hacen. 4 Atan fardos pesados, [difíciles de llevar,] y se los cargan en la espalda a la gente, mientras ellos se niegan a moverlos con el dedo. 5 Todo lo hacen para exhibirse ante la gente: llevan cintas anchas y flecos llamativos en sus mantos. 6 Les gusta ocupar los primeros puestos en las comidas y los primeros asientos en las sinagogas; 7 que los salude la gente por la calle y los llamen maestros.
8 Ustedes no se hagan llamar maestros, porque uno solo es su maestro, mientras que todos ustedes son hermanos. 9 En la tierra a nadie llamen padre, pues uno solo es su Padre, el del cielo. 10 Ni se llamen jefes, porque sólo tienen un jefe que es el Mesías. 11 El mayor de ustedes que se haga servidor de los demás. 12 Quien se alaba será humillado, quien se humilla será alabado.
13 ¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el reino de los cielos! ¡No entran ni dejan entrar a los que lo intentan!
14 [[¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que devoran los bienes de las viudas, mientras hacen largas oraciones para que los tengan por justos! ¡La sentencia para ustedes será más severa!]]
15 ¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un partidario, y cuando lo consiguen, lo hacen doblemente más merecedor del infierno que ustedes!
16 ¡Ay de ustedes, guías ciegos, que dicen: Quien jura por el santuario no se compromete, quien jura por el oro del santuario queda comprometido! 17 ¡Tontos y ciegos!, ¿qué es más importante? ¿El oro o el santuario que consagra el oro? 18 Dicen: Quien jura por el altar no se compromete, quien jura por la ofrenda que hay sobre el altar queda comprometido. 19 ¡Ciegos! ¿Qué es más importante? ¿La ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? 20 Porque quien jura por el altar jura por él y por cuanto hay sobre él; 21 y quien jura por el santuario jura por él y por quien lo habita; 22 y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y por el que está sentado en él.
23 ¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que pagan el impuesto de la menta, del anís y del comino, y descuidan lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la lealtad! ¡Eso es lo que hay que observar, sin descuidar lo otro! 24 ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito y se tragan el camello!

La letra de la Ley
(Lc 11,39-41.44.47-52)

25 ¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de inmoralidad y robos! 26 ¡Fariseo ciego, limpia primero por dentro la copa y así quedará limpia por fuera!
27 ¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: por fuera son hermosos, por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda clase de inmundicia! 28 Así también son ustedes, por fuera parecen honrados delante de la gente, pero por dentro están llenos de hipocresía y maldad.
29 ¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que construyen sepulcros grandiosos a los profetas y monumentos a los justos, 30 mientras comentan: Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros antepasados, no habríamos participado en el asesinato de los profetas. 31 Con lo cual reconocen que son descendientes de los que mataron a los profetas. 32 Terminen de hacer lo que iniciaron sus antepasados. 33 ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo evitarán el juicio del infierno?
34 Miren, para eso les estoy enviando profetas, sabios y letrados: a unos los matarán y crucificarán, a otros los azotarán en las sinagogas y los perseguirán de ciudad en ciudad. 35 Así recaerá sobre ustedes toda la sangre inocente derramada en la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien ustedes mataron entre el santuario y el altar.
36 Les aseguro que todo recaerá sobre esta generación.

Lamentación por Jerusalén
(Lc 13,34s)

37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los enviados! ¡Cuántas veces intenté reunir a tus hijos como la gallina reúne los pollitos bajo sus alas, y tú te negaste! 38 Por eso, la casa de ustedes quedará desierta. 39 Les digo que a partir de ahora no volverán a verme hasta que digan:
Bendito el que viene
en el nombre del Señor.

Discurso escatológico:
destrucción del Templo
(Mc 13,1-13; Lc 21,5-19)

24 1 Jesús salió del templo y, mientras caminaba, se le acercaron los discípulos y le señalaron las construcciones del templo. 2 Él les contestó:
–¿Ven todo eso? Les aseguro que se derrumbará sin que quede piedra sobre piedra.
3 Estando sentado en el monte de los Olivos, se le acercaron los discípulos aparte y le preguntaron:
–Dinos cuándo sucederá eso y cuál es la señal de tu llegada y del fin del mundo.
4 Jesús les respondió:
–¡Tengan cuidado, y que nadie los engañe! 5 Porque muchos se presentarán en mi nombre, diciendo que son el Mesías, y engañarán a muchos. 6 Oirán hablar de guerras y noticias de guerras. ¡Tengan cuidado y no se alarmen! Todo eso ha de suceder, pero todavía no es el final. 7 Se alzará pueblo contra pueblo, reino contra reino. Habrá carestías y terremotos en diversos lugares. 8 Todo eso es el comienzo de los dolores de parto.
9 Los entregarán para torturarlos y matarlos; todos los pueblos los odiarán a causa de mi nombre. 10 Entonces muchos fallarán, se traicionarán y se odiarán mutuamente. 11 Surgirán muchos falsos profetas que engañarán a muchos. 12 Y, al crecer la maldad, se enfriará el amor de muchos. 13 Pero el que aguante hasta el final se salvará. 14 La Buena Noticia del reino se proclamará a todas las naciones, y entonces llegará el final.

La gran tribulación
(Mc 13,14-23; Lc 21,20-24)

15 Cuando vean instalado en el lugar sagrado el ídolo abominable anunciado por el profeta Daniel –el lector que lo entienda–, 16 entonces los que viven en Judea que escapen a los montes; 17 el que esté en la azotea que no baje a recoger sus cosas; 18 el que se encuentre en el campo que no vuelva a buscar el manto. 19 ¡Ay de las embarazadas y de las que tengan niños pequeños en aquellos días! 20 Recen para que la huida no suceda en invierno o en sábado. 21 Habrá una tribulación tan grande como no la hubo desde el comienzo del mundo hasta ahora, ni la habrá en el futuro. 22 Si no se acortara aquel tiempo, no se salvaría ni uno. Pero, en atención a los elegidos, se acortará aquel tiempo.
23 Entonces, si alguien les dice que el Mesías está aquí o allí, no le crean. 24 Surgirán falsos mesías y falsos profetas, que harán milagros y prodigios, hasta el punto de engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos. 25 Miren que los he prevenido. 26 Si les dicen: Miren, está en el desierto, no salgan; o: Miren, está en un lugar secreto, no hagan caso. 27 Porque como el relámpago que aparece en el oriente y brilla hasta el occidente, así será la llegada del Hijo del Hombre. 28 Donde esté el cadáver allí se reunirán los buitres.

La parusía
(Mc 13,24-27; Lc 21,25-28)

29 Inmediatamente después de esa tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no irradiará su resplandor; las estrellas caerán del cielo y los ejércitos celestes temblarán. 30 Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre. Todas las razas del mundo harán duelo y verán al Hijo del Hombre llegar en las nubes del cielo, con gloria y poder grande. 31 Enviará a sus ángeles a reunir, con un gran toque de trompeta, a los elegidos de los cuatro vientos, de un extremo a otro del cielo.

El día y la hora
(Mc 13,28-32; Lc 21,29-33)

32 Aprendan el ejemplo de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, saben que está cerca la primavera. 33 Lo mismo ustedes, cuando vean que sucede todo eso, sepan que el fin está cerca, a las puertas. 34 Les aseguro que no pasará esta generación antes de que suceda todo eso. 35 Cielo y tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. 36 En cuanto al día y a la hora, no los conoce nadie, ni los ángeles del cielo ni el Hijo; sólo los conoce el Padre.

(Lc 17,26-36)

37 La llegada del Hijo del Hombre será como en tiempos de Noé: 38 en [aquellos] días anteriores al diluvio la gente comía y bebía y se casaban, hasta que Noé se metió en el arca. 39 Y ellos no se enteraron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos. Así será la llegada del Hijo del Hombre. 40 Estarán dos hombres en un campo: a uno se lo llevarán, al otro lo dejarán; 41 dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán, a la otra la dejarán. 42 Por tanto estén prevenidos porque no saben el día que llegará su Señor. 43 Ustedes ya saben que si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, estaría cuidando para que no le abran un boquete en la pared.
44 Por tanto, estén preparados, porque el Hijo del Hombre llegará cuando menos lo esperen.

Vigilancia
(Lc 12,42-48; cfr. Mc 13,33-37)

45 ¿Quién es el sirviente fiel y prudente, encargado por su señor de repartir a sus horas la comida a los de casa? 46 Dichoso el sirviente a quien su señor, al llegar, lo encuentre trabajando así. 47 Les aseguro que le encomendará todas sus posesiones. 48 En cambio, si un sirviente malo, pensando que su señor tardará, 49 se pone a pegar a los compañeros, a comer y beber con los borrachos, 50 vendrá el señor de aquel sirviente, el día y la hora menos pensada 51 y lo castigará dándole el destino de los hipócritas. Allí será el llanto y el crujir de dientes.

Las diez jóvenes
(cfr. Lc 12,35-40)

25 1 Entonces el reino de los cielos será como diez muchachas que salieron con sus lámparas a recibir al novio. 2 Cinco eran necias y cinco prudentes. 3 Las necias tomaron sus lámparas pero no llevaron aceite. 4 Las prudentes llevaban frascos de aceite con sus lámparas. 5 Como el novio tardaba, les entró el sueño y se durmieron.
6 A media noche se oyó un clamor: ¡Aquí está el novio, salgan a recibirlo! 7 Todas las muchachas se despertaron y se pusieron a preparar sus lámparas. 8 Las necias pidieron a las prudentes: ¿Pueden darnos un poco de aceite?, porque se nos apagan las lámparas. 9 Contestaron las prudentes: No, porque seguramente no alcanzará para todas; es mejor que vayan a comprarlo a la tienda.
10 Mientras iban a comprarlo, llegó el novio. Las que estaban preparadas entraron con él en la sala de bodas y la puerta se cerró. 11 Más tarde llegaron las otras muchachas diciendo: Señor, Señor, ábrenos. 12 Él respondió: Les aseguro que no las conozco.
13 Por tanto, estén atentos, porque no conocen ni el día ni la hora.

Los talentos
(Lc 19,11-27)

14 Es como un hombre que partía al extranjero; antes llamó a sus sirvientes y les encomendó sus posesiones. 15 A uno le dio cinco monedas de oro, a otro dos, a otro uno; a cada uno según su capacidad. Y se fue.
16 Inmediatamente el que había recibido cinco monedas de oro negoció con ellas y ganó otras cinco. 17 Lo mismo el que había recibido dos monedas de oro, ganó otras dos. 18 El que había recibido una moneda de oro fue, hizo un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.
19 Pasado mucho tiempo se presentó el señor de aquellos sirvientes para pedirles cuentas. 20 Se acercó el que había recibido cinco monedas de oro y le presentó otras cinco diciendo: Señor, me diste cinco monedas de oro; mira, he ganado otras cinco. 21 Su señor le dijo: Muy bien, sirviente honrado y cumplidor; has sido fiel en lo poco, te pongo al frente de lo importante. Entra en la fiesta de tu señor.
22 Se acercó el que había recibido dos monedas de oro y dijo: Señor, me diste dos monedas de oro; mira, he ganado otras dos. 23 Su señor le dijo: Muy bien, sirviente honrado y cumplidor; has sido fiel en lo poco, te pondré al frente de lo importante. Entra en la fiesta de tu señor.
24 Se acercó también el que había recibido una moneda de oro y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que cosechas donde no has sembrado y reúnes donde no has esparcido. 25 Como tenía miedo, enterré tu moneda de oro; aquí tienes lo tuyo. 26 Su señor le respondió: Sirviente indigno y perezoso, si sabías que cosecho donde no sembré y reúno donde no esparcí, 27 tenías que haber depositado el dinero en un banco para que, al venir yo, lo retirase con los intereses. 28 Quítenle la moneda de oro y dénsela al que tiene diez. 29 Porque al que tiene se le dará y le sobrará, y al que no tiene se le quitará aun lo que tiene. 30 Al sirviente inútil expúlsenlo a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el crujir de dientes.

El juicio de las naciones

31 Cuando el Hijo del Hombre llegue con majestad, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria 32 y todas las naciones serán reunidas en su presencia. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Colocará a las ovejas a su derecha y a las cabras a su izquierda.
34 Entonces el rey dirá a los de la derecha: Vengan, benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. 35 Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era emigrante y me recibieron, 36 estaba desnudo y me vistieron, estaba enfermo y me visitaron, estaba encarcelado y me vinieron a ver.
37 Los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber, 38 emigrante y te recibimos, desnudo y te vestimos? 39 ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a visitarte?
40 El rey les contestará: Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí.
41 Después dirá a los de su izquierda: Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, 43 era emigrante y no me recibieron, estaba desnudo y no me vistieron, estaba enfermo y encarcelado y no me visitaron.
44 Ellos replicarán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, emigrante o desnudo, enfermo o encarcelado y no te socorrimos?
45 Él responderá: Les aseguro que lo que no hicieron a uno de estos más pequeños no me lo hicieron a mí. 46 Éstos irán al castigo perpetuo y los justos a la vida eterna.

Complot para matar a Jesús
(Mc 14,1s; Lc 22,1s; cfr. Jn 11,47-57)

26 1 Cuando terminó este discurso, Jesús dijo a sus discípulos:
2 –Ya saben que dentro de dos días se celebra la Pascua y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.
3 Entonces se reunieron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo en casa del sumo sacerdote Caifás, 4 y se pusieron de acuerdo para apoderarse de Jesús mediante un engaño y darle muerte. 5 Pero añadieron que no debía ser durante las fiestas, para que no se amotinara el pueblo.

Unción en Betania
(Mc 14,3-9; cfr. Lc 7,36-50; Jn 12,1-8)

6 Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el Leproso, 7 se le acercó una mujer con un frasco de alabastro lleno de un perfume de mirra carísimo y se lo derramó en la cabeza mientras estaba a la mesa. 8 Al verlo, los discípulos dijeron indignados:
–¿Por qué este derroche? 9 Se podía haber vendido bien caro para dar el producto a los pobres. 10 Jesús se dio cuenta y les dijo:
–¿Por qué molestan a esta mujer? Ha hecho una obra buena conmigo. 11 A los pobres los tendrán siempre cerca, a mí no siempre me tendrán. 12 Al derramar el perfume sobre mi cuerpo, estaba preparando mi sepultura. 13 Les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se proclame la Buena Noticia, se mencionará lo que ha hecho ella.

Traición de Judas
(Mc 14,10s; Lc 22,3-6)

14 Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, se dirigió a los sumos sacerdotes 15 y les propuso:
–¿Qué me dan si se los entrego?
Ellos se pusieron de acuerdo en treinta monedas de plata. 16 Desde aquel momento buscaba una ocasión para entregarlo.

Pascua y Eucaristía
(Mc 14,12-16; Lc 22,7-13)

17 El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
–¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
18 Él les contestó:
–Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: El maestro dice: mi hora está próxima; en tu casa celebraré la Pascua con mis discípulos.
19 Los discípulos prepararon la cena de Pascua siguiendo las instrucciones de Jesús.

(Mc 14,17-21; Lc 22,21-23; cfr. Jn 13,21-30)

20 Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. 21 Mientras comían, les dijo:
–Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar.
22 Muy tristes, empezaron a preguntarle uno por uno:
–¿Soy yo, Señor?
23 Él contestó:
–El que se ha servido de la misma fuente que yo, ése me entregará. 24 El Hijo del Hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay de aquél por quien el Hijo del Hombre será entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido.
25 Le dijo Judas, el traidor:
–¿Soy yo, maestro?
Le responde Jesús:
–Tú lo has dicho.

(Mc 14,22-25; Lc 22,14-20;
cfr. Jn 6,51-59; 1Cor 11,23-25)

26 Mientras cenaban, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos diciendo:
–Tomen y coman, esto es mi cuerpo.
27 Tomando la copa, pronunció la acción de gracias y se la dio diciendo:
–Beban todos de ella, 28 porque ésta es mi sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los pecados. 29 Les digo que en adelante no beberé de este fruto de la vid hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre.

Anuncio del abandono
(Mc 14,26-31; Lc 22,31-34; cfr. Jn 13,36-38)

30 Cantaron los salmos y salieron hacia el monte de los Olivos. 31 Entonces Jesús les dice:
–Esta noche todos van a fallar por mi causa, como está escrito:
Heriré al pastor
y se dispersarán las ovejas del rebaño.
32 Pero cuando resucite, iré delante de ustedes a Galilea.
33 Pedro le contestó:
–Aunque todos fallen esta noche, yo no fallaré.
34 Jesús le respondió:
–Te aseguro que esta noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces.
35 Pedro le replica:
–Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.
Lo mismo decían los demás discípulos.

Oración en el huerto
(Mc 14,32-42; Lc 22,39-46; cfr. Jn 18,1)

36 Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos:
–Siéntense aquí mientras yo voy allá a orar.
37 Tomó a Pedro y a los dos Zebedeos y empezó a sentir tristeza y angustia. 38Les dijo:
–Siento una tristeza de muerte; quédense aquí, y permanezcan despiertos conmigo.
39 Se adelantó un poco y, postrado su rostro en tierra, oró así:
–Padre, si es posible, que se aparte de mí esta copa. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
40 Volvió a donde estaban los discípulos. Los encuentra dormidos y dice a Pedro:
–¿Será posible que no han sido capaces de estar despiertos una hora conmigo? 41 Estén atentos y oren para no caer en la tentación. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.
42 Por segunda vez se alejó a orar:
–Padre, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, que se haga tu voluntad.
43 Volvió de nuevo y los encontró dormidos, porque tenían mucho sueño. 44 Los dejó y se apartó por tercera vez repitiendo la misma oración. 45 Después se acerca a los discípulos y les dice:
–¡Todavía dormidos y descansando! Está próxima la hora en que el Hijo del Hombre será entregado en poder de los pecadores. 46 Levántense, vamos; se acerca el traidor.

Arresto de Jesús
(Mc 14,43-52; Lc 22,47-53; cfr. Jn 18,2-12)

47 Todavía estaba hablando cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de gente armada de espadas y palos, enviada por los sacerdotes y los ancianos del pueblo. 48 El traidor les había dado una contraseña: Al que yo bese, ése es; arréstenlo. 49 Enseguida, acercándose a Jesús le dijo:
–¡Buenas noches, maestro!
Y le dio un beso.
50 Jesús le dijo:
–Amigo, ¿a qué has venido?
Entonces se acercaron, le echaron mano y arrestaron a Jesús. 51 Uno de los que estaban con Jesús desenvainó la espada y de un tajo cortó una oreja al sirviente del sumo sacerdote.
52 Jesús le dice:
–Envaina la espada: Quién a espada mata, a espada muere. 53 ¿Crees que no puedo pedirle al Padre que me envíe enseguida más de doce legiones de ángeles? 54 Pero entonces, ¿cómo se cumplirá lo que está escrito, que esto tiene que suceder?
55 Entonces Jesús dijo a la multitud:
–Como si se tratara de un asaltante han salido armados de espadas y palos para capturarme. Diariamente me sentaba en el templo a enseñar y no me arrestaron. 56 Pero todo eso sucede para que se cumplan las profecías. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Jesús ante el Consejo
(Mc 14,53-65; Lc 22,54s.63-71; cfr. Jn 18,13s.19-24)

57 Los que lo habían arrestado lo condujeron a casa del sumo sacerdote Caifás, donde se habían reunido los letrados y los ancianos. 58 Pedro le fue siguiendo a distancia hasta el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los empleados para ver en qué acababa aquello. 59 Los sumos sacerdotes y el Consejo en pleno buscaban un testimonio falso contra Jesús que permitiera condenarlo a muerte. 60 Y, aunque se presentaron muchos testigos falsos, no lo encontraron. Finalmente se presentaron dos 61 que declararon:
–Éste ha dicho: Puedo derribar el santuario de Dios y reconstruirlo en tres días.
62 El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
–¿No respondes a lo que éstos declaran contra ti?
63 Pero Jesús seguía callado. El sumo sacerdote le dijo:
–Por el Dios vivo te conjuro para que nos digas si eres el Mesías, el Hijo de Dios.
64 Jesús le responde:
–Tú lo has dicho. Y añado que desde ahora verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y llegando en las nubes del cielo.
65 Entonces el sumo sacerdote, rasgándose sus vestiduras, dijo:
–¡Ha blasfemado! ¿Qué falta nos hacen los testigos? Acaban de oír la blasfemia. 66 ¿Cuál es el veredicto de ustedes?
Respondieron:
–Reo de muerte.
67 Entonces le escupieron al rostro, le dieron bofetadas y lo golpeaban 68 diciendo:
–Mesías, adivina quién te ha pegado.

Negaciones de Pedro
(Mc 14,66-72; Lc 22,56-62; cfr. Jn 18,15-18.25-27)

69 Pedro estaba sentado fuera, en el patio. Se le acercó una sirvienta y le dijo:
–Tú también estabas con Jesús el Galileo.
70 Él lo negó delante de todos:
–No sé lo que dices.
71 Salió al portal, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí:
–Éste estaba con Jesús el Nazareno.
72 De nuevo lo negó jurando que no conocía a aquel hombre. 73 Al poco tiempo se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
–Realmente tú eres uno de ellos, el acento te delata.
74 Entonces empezó a echar maldiciones y a jurar que no lo conocía. En ese momento cantó el gallo 75 y Pedro recordó lo que había dicho Jesús: Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces. Y saliendo afuera, lloró amargamente.

Conducido a Pilato
(Mc 15,1; Lc 23,1; cfr. Jn 18,28)

27 1 A la mañana siguiente los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo tuvieron una deliberación para condenar a Jesús a muerte. 2 Lo ataron, lo condujeron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.

Muerte de Judas
(cfr. Hch 1,18s)

3 Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas a los sumos sacerdotes y ancianos, 4 diciendo:
–He pecado entregando a un inocente a la muerte.
Le contestaron:
–Y a nosotros, ¿qué? Eso es problema tuyo.
5 Arrojó el dinero en el santuario, se fue y se ahorcó. 6 Los sumos sacerdotes, recogiendo el dinero, dijeron:
–No es lícito echarlo en la alcancía, porque es precio de una vida.
7 Y, después de deliberar, compraron el Campo del Alfarero para sepultura de extranjeros. 8 Por eso aquel campo se llama hasta hoy, Campo de Sangre.
9 Así se cumplió lo que profetizó Jeremías:
Tomaron las treinta monedas,
precio del que fue tasado,
del que tasaron los israelitas,
10 y con ello pagaron
el campo del alfarero;
según las instrucciones del Señor.

Jesús ante Pilato
(Mc 15,2-15; Lc 23,2-5.13-25; cfr. Jn 18,29–19,1.4-16)

11 Jesús fue llevado ante el gobernador, el cual lo interrogó:
–¿Eres tú el rey de los judíos?
Contestó Jesús:
–Tú lo has dicho.
12 Pero, cuando lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos no respondía nada.
13 Entonces le dice Pilato:
–¿No oyes de cuántas cosas te acusan?
14 Pero no respondió una palabra, con gran admiración del gobernador.
15 Por la Pascua acostumbraba el gobernador soltar a un prisionero, el que la gente quisiera. 16 Tenía entonces un preso famoso llamado [Jesús] Barrabás. 17 Cuando estaban reunidos, les preguntó Pilato:
–¿A quién quieren que les suelte? ¿A [Jesús] Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?
18 Ya que le constaba que lo habían entregado por envidia. 19 Estando él sentado en el tribunal, su mujer le envió un recado:
–No te metas con ese inocente, que esta noche en sueños he sufrido mucho por su causa.
20 Mientras tanto los sumos sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud para que pidieran la libertad de Barrabás y la condena de Jesús. 21 El gobernador tomó la palabra:
–¿A cuál de los dos quieren que les suelte?
Contestaron:
–A Barrabás.
22 Responde Pilato:
–¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?
Contestan todos:
–Crucifícalo.
23 Él les dijo:
–Pero, ¿qué mal ha hecho?
Pero ellos seguían gritando:
–Crucifícalo.
24 Viendo Pilato que no conseguía nada, al contrario, que se estaban amotinando, pidió agua y se lavó las manos ante la gente diciendo:
–No soy responsable de la muerte de este inocente. Es cosa de ustedes.
25 El pueblo respondió:
–Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.
26 Entonces les soltó a Barrabás, y a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran.

La burla de los soldados
(Mc 15,16-20; cfr. Jn 19,2s)

27 Entonces los soldados del gobernador condujeron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la guardia. 28 Lo desnudaron, lo envolvieron en un manto escarlata, 29 trenzaron una corona de espinas y se la colocaron en la cabeza, y pusieron una caña en su mano derecha. Después, burlándose, se arrodillaban ante él y decían:
–¡Salud, rey de los judíos!
30 Le escupían, le quitaban la caña y le pegaban con ella en la cabeza. 31 Terminada la burla, le quitaron el manto y lo vistieron con su ropa. Después lo sacaron para crucificarlo.

Muerte de Jesús
(Mc 15,21-41; Lc 23,26-49; cfr. Jn 19,17-30)

32 A la salida encontraron un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a cargar con la cruz. 33 Llegaron a un lugar llamado Gólgota –es decir, Lugar de la Calavera–, 34 y le dieron a beber vino mezclado con hiel. Él lo probó, pero no quiso beberlo. 35 Después de crucificarlo, se repartieron a suertes su ropa 36 y se sentaron allí custodiándolo.
37 Encima de la cabeza pusieron un letrero con la causa de la condena: Éste es Jesús, rey de los judíos. 38 Con él estaban crucificados dos asaltantes, uno a la derecha y otro a la izquierda. 39 Los que pasaban lo insultaban moviendo la cabeza 40 y diciendo:
–El que derriba el santuario y lo reconstruye en tres días que se salve; si es Hijo de Dios, que baje de la cruz.
41 A su vez, los sumos sacerdotes con los letrados y los ancianos se burlaban diciendo:
42 –Salvó a otros, y no puede salvarse a sí mismo. Si es rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en él. 43 Ha confiado en Dios: que lo libre si es que lo ama. Pues ha dicho que es Hijo de Dios.
44 También los asaltantes crucificados con él lo insultaban.
45 A partir de mediodía se oscureció todo el territorio hasta media tarde. 46 A media tarde Jesús gritó con voz potente:
–Elí Elí lema sabactani –o sea: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? –.
47 Algunos de los presentes, al oírlo, comentaban:
–Está llamando a Elías.
48 Enseguida uno de ellos corrió, tomó una esponja empapada en vinagre y con una caña le dio a beber. 49 Los demás dijeron:
–Espera, a ver si viene Elías a salvarlo.
50 Jesús, lanzando un nuevo grito, entregó su espíritu.
51 El velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo, la tierra tembló, las piedras se partieron, 52 los sepulcros se abrieron y muchos cadáveres de santos resucitaron. Y, cuando él resucitó, 53 salieron de los sepulcros y se aparecieron a muchos en la Ciudad Santa.
54 Al ver el terremoto y lo que sucedía, el centurión y la tropa que custodiaban a Jesús decían muy espantados:
–Realmente éste era Hijo de Dios.
55 Estaban allí mirando a distancia muchas mujeres que habían acompañado y servido a Jesús desde Galilea. 56 Entre ellas estaban María Magdalena, María, madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos.

Sepultura de Jesús
(Mc 15,42-47; Lc 23,50-56; cfr. Jn 19,38-42)

57 Al atardecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. 58 Se presentó ante Pilato y le pidió el cadáver de Jesús. Pilato mandó que se lo entregaran. 59 José lo tomó, lo envolvió en una sábana de lino limpia, 60 y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había excavado en la roca; después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro y se fue. 61 Estaban allí María Magdalena y la otra María sentadas frente al sepulcro.
62 Al día siguiente, el que sigue a la vigilia, se reunieron los sumos sacerdotes con los fariseos y fueron a Pilato 63 a decirle:
–Señor, recordamos que aquel impostor dijo cuando aún vivía que resucitaría al tercer día. 64 Manda que aseguren el sepulcro hasta el tercer día, no vayan a ir sus discípulos a robar el cadáver, para decir al pueblo que ha resucitado de entre los muertos. Este engaño sería peor que el primero.
65 Les respondió Pilato:
–Ahí tienen una guardia: vayan y asegúrenlo como saben.
66 Ellos aseguraron el sepulcro poniendo sellos en la piedra y colocando la guardia.

Resurrección de Jesús
(Mc 16,1-8; Lc 24,1-12; cfr. Jn 20,1-10)

28 1 Pasado el sábado, al despuntar el alba del primer día de la semana, fue María Magdalena con la otra María a examinar el sepulcro. 2 De repente se produjo un fuerte temblor: Un ángel del Señor bajó del cielo, llegó e hizo rodar la piedra y se sentó encima. 3 Su aspecto era como el de un relámpago y su vestido blanco como la nieve. 4 Los de la guardia se pusieron a temblar de miedo y quedaron como muertos. 5 El ángel dijo a las mujeres:
–Ustedes no teman. Sé que buscan a Jesús, el crucificado. 6 No está aquí; ha resucitado como había dicho. Acérquense a ver el lugar donde yacía. 7 Después vayan corriendo a anunciar a los discípulos que ha resucitado y que irá por delante a Galilea; allí lo verán. Éste es mi mensaje.
8 Se alejaron rápidamente del sepulcro, llenas de miedo y gozo, y corrieron a dar la noticia a los discípulos.

(cfr. Mc 16,9-13; Lc 24,13-35; Jn 20,11-18)

9 Jesús les salió al encuentro y les dijo:
–¡Alégrense!
Ellas se acercaron, se abrazaron a sus pies y se postraron ante él.
10 Jesús les dijo:
–No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, donde me verán.
11 Mientras ellas caminaban, algunos de la guardia fueron a la ciudad y contaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. 12 Éstos se reunieron a deliberar con los ancianos y ofrecieron a los soldados una buena suma 13 encargándoles:
–Digan que durante la noche, mientras ustedes dormían, llegaron los discípulos y robaron el cadáver. 14 Si llega la noticia a oídos del gobernador, nosotros lo tranquilizaremos para que no los castigue.
15 Ellos aceptaron el dinero y siguieron las instrucciones recibidas. Así se difundió ese cuento entre los judíos hasta [el día de] hoy.

Misión de los discípulos
(cfr. Mc 16,14-20; Lc 24,36-49; Jn 20,19-23; Hch 1,7s)

16 Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que les había indicado Jesús. 17 Al verlo, se postraron, pero algunos dudaron. 18 Jesús se acercó y les habló:
–Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. 19 Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, 20 y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.

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Articulo Revisado: El Evangelio según San Mateo Puntaje: 5 Reviesado por: Hermano Asno